El mundo pasado mañana
¿Cómo será el mundo pasado mañana? La respuesta podía enmarcarse en al menos cuatro certezas: primero, el cambio es extremadamente veloz, constante y global; segundo, el dinero es la mercancía más preciada y enajenadora; tercero, el dínamo de la transformación es la revolución industrial tecnológica, concebida para crear ciborg; cuarto, el consumo de la tecnología de comunicación crea nuevos hábitos y transforma las ideas.
Podemos rebatir las premisas expuestas, señalando que la historia de la humanidad, desde hace 40.000 años, está marcada por la creación, contando la invención de tecnologías o herramientas, cuyo uso transformó comunidades, prefiguró culturas, relaciones de producción y poder. Entonces la pregunta subsiguiente sería: ¿cuál es la diferencia con el proceso actual?
Casi todos los procesos de cambio han tenido como paraguas un mito, una religiosidad y una institución religiosa, casi siempre ligada al poder. La gente no podía interpretar el más allá como quisiera, ni tampoco realizar los rituales como les viniera en gana. En lo esencial, se creía en la existencia de una fuerza superior, la única capaz de resolver el problema de la vida y diluir la muerte, en la transcendencia. Hoy, la creencia en esa fuerza superior está desapareciendo. Aun los que realizan rituales y declaran su fe -pobres y ricos-, se desdicen en sus prácticas, revelando que no creen en lo metafísico. Todos ellos son, en realidad, devotos del dinero y del consumo de cosas materiales.
El carácter de la nueva transformación a la que nos abocamos, es pues, fundamentalmente cultural y religiosa. Hace quinientos años, la cultura occidental interpretó que el Padre otorgó libre albedrío a los humanos para que administraran varios asuntos. En un momento de la historia los seres humanos tiraron muy fuerte y bajaron a Dios a la Tierra, impidiendo que siguiera reinando desde los cielos. Creídos de que el Padre y el cosmos quepan en la mano humana, los han diluido en el mercado, en la angustia y el placer.
En síntesis, de acuerdo a las certezas, el mundo pasado mañana, será global, rápido, poblado de viejos humanos y nuevos ciborg, guiados por la religiosidad del dinero y el consumo, sin cosmogonía ninguna, ni límites, ni mesura. Pero, seguro habrá una continuidad. Algo del humanismo de la Modernidad quedará como una semilla, esperando el tiempo para germinar en la Tierra.
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