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El Telégrafo

Galo Plaza, príncipe favorito de la OEA

18 de abril de 2013

Recorra usted en Quito la avenida 10 de Agosto de sur a norte y se topará con que de pronto cambia de nombre y se llama Galo Plaza Lasso. Talvez no le llame la atención el hecho y piense que se trata de una burrada más de “este ambiente de Quito municipal y espeso”, que dijera hace cien años el poeta Arturo Borja. Y sin embargo, este cocinado es irritante. ¿A qué burgomaestre se le ocurrió el desatino de abandonar la fecha emblemática que nos honra a todos los ecuatorianos y que convirtió a nuestra capital en Luz de América, para sustituirla por el nombre del gobernante que más hiciera en el siglo veinte para entregarnos atados de pies y manos a los yanquis? Claro que los grandes medios nos presentan al hijo del matador de Alfaro, Leonidas Plaza Gutiérrez, como  espíritu democrático y símbolo de gobernante empeñado en el progreso económico del país. Lo que es perfectamente explicable porque olivos y aceitunos todos son unos. Mas bastan unos cuantos datos para remover la memoria y encontrar la faz verdadera de quien fuera no solo grande amigo de Nelson Rockefeller, el amo absoluto del más feroz dinosaurio petrolero, la Standard Oil de Nueva Jersey, sino el príncipe favorito de los monarcas del Imperio. Acordémonos de lo siguiente: la Shell, el otro más grande dinosaurio petrolero, éste de origen angloholandés, se hallaba apoderado de medio Oriente ecuatoriano gracias a la concesión (un increíble regalo) que le hiciera en 1937 el dictador Federico Páez. Pues bien, pronto la Shell anunció que, dados los espectaculares descubrimientos de petróleo amazónico, pronto manaría de los pozos una riqueza enorme para hacerle feliz al hambriento pueblo ecuatoriano.

De pronto cambió el disco y sus personeros lanzaron desvergonzadamente la versión de que, hablando serio, nunca hallaron el oro negro, cuando miles de trabajadores y pobladores amazónicos sabían de las perforaciones exitosas y vieron cómo la compañía sellaba pozos altamente productivos. Fue entonces cuando Galo Plaza, instalado en Carondelet como primer mandatario, hizo su famosa declaración: “EL ORIENTE ES UN MITO. ALLÍ NO HAY PETRÓLEO. TAMPOCO ESAS TIERRAS SON BUENAS PARA LA AGRICULTURA. DEBEMOS ACERCARNOS A LA COSTA”. Así se fue la Shell, debiendo millonadas al Estado, a los trabajadores y a las poblaciones orientales. El pueblo hubo de mascar su decepción y su rabia. Lo grande es que poco después Plaza concedía esos territorios nuevamente a la Shell, pero esta vez abrazada a su  antiguo rival, la Standard. El resto es historia y está registrada en el libro El Festín del Petróleo. ¿Acercarnos a la Costa? Claro que lo hizo Plaza, en cumplimiento del otro mandato del Imperio: convertir al Ecuador en país bananero en vista de que las inundaciones y los vientos huracanados habían arruinado las plantaciones de las United Fruit en Centroamérica.

No pararon allí los servicios de Plaza a los yanquis. Poco después, en 1950, firmaba el Pacto Militar con Estados Unidos por el cual el Ecuador se comprometía a brindar apoyo en materia de territorio, hombres y armas para las guerras del Imperio, y como se hallaba encendida la guerra de Corea, Plaza donó millares de quintales de arroz para las tropas yanquis. Sobre esta historia volveremos otro día. Por ahora rematemos estas líneas consignando el siguiente hecho: en 1968, gobernando el Ecuador Otto Arosemena Gómez, emblema de corrupción y entreguismo, movió cielo y tierra para conseguir que Galo Plaza Lasso fuera elegido Secretario General de la OEA, conforme un nuevo mandato del Imperio. Y lo consiguió para desgracia del Ecuador y América Latina.

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