El volcamiento no solo ocurre con carros sino con textos periodísticos

- 06 de enero de 2019 - 00:00

La palabra volcar, según la Real Academia Española (RAE), significa inclinar hacia un lado o invertir (un objeto o recipiente) de modo que caiga o se vierta el contenido de él. Tratándose de carruajes se podría ejemplificar diciendo: el carro volcó en la calzada.

Significa también volver una cosa hacia un lado o totalmente, hacer que se caiga lo contenido en ella. Como verbo pronominal, volcar equivale al esfuerzo que realiza una persona por conseguir algo para beneficio de otro.

En la página 7 del viernes pasado, en la nota titulada: “La apicultura trae nuevos ingresos a los agricultores”, se evidencia ese “vuelco” en favor de lo que intentó destacar el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a cuyo ente estatal incluso se la nombra en 7 de los 22 párrafos que conforman ese texto. Un poco exagerado, ¿verdad?

Faltan voces para alejarse de esa especie de boletín de prensa sobre este tema que se refiere al hecho de que los agricultores le apuntan a la apicultura para generar nuevos ingresos, para lo cual reciben entrenamiento para cada etapa de ese proceso productivo.

Incluso, el título bien pudo ir por el hecho de que se han identificado 106 apicultores en 17 cantones del Guayas, quienes en total tienen 1.443 colmenas.

No hay que volcarse mucho a las fuentes, para no caer en esto. En el periodismo se debe cuidar con celo de volcar las notas para, con o sin intención, favorecer a algo o alguien. Hay que tomar siempre en cuenta que toda exageración siempre es mala.

De allí que en sus notas, los periodistas y editores no deben reflejar que tiene una especie de trastorno histriónico de personalidad, que su comportamiento presente patrones de teatralidad, dramatización y, en definitiva, de acciones y actitudes que buscan llamar la atención de los demás o congraciarse con alguna de ellas.

Es menester recordar que el histrionismo es la exageración y afectación en la manera de expresarse de una persona. La persona histriónica no ve nada raro en cómo expresa sus emociones, porque son conductas que están muy consolidadas en su personalidad.

Es esa exageración la que no cabe en las notas y textos periodísticos.

Si lo hace para bien del lector, entonces sí aplica la personalidad histriónica en el periodista, que use la seducción y buena capacidad para relacionarse socialmente, su don de gentes y su locuacidad. Pero, no está bien que el profesional de la comunicación utilice esa capacidad para acaparar la atención y congraciarse con las fuentes de la información.

Con los únicos que tiene que congraciarse son con el lector y con la calidad del producto que se publica.

Nelson Silva Torres
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Defensor del Lector
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Defensoría de las Audiencias, artículo 73 de la Ley de Comunicación.

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