El perro mestizo gana identidad regional: de Brasil a México y Ecuador
El “perro caramelo”, ese can mestizo de pelaje miel o canela que forma parte del paisaje cotidiano de calles, barrios y refugios de América Latina, empieza a ganar un nuevo lugar en la conversación pública sobre bienestar animal, adopción responsable y lucha contra el abandono. En México, la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México incluyó esta figura como una raza representativa, junto a perros emblemáticos como el Xoloitzcuintle, el Chihuahua y el Calupoh, con el objetivo de dignificar a los animales mestizos y promover su adopción.
Aunque especialistas y autoridades han aclarado que el “perro caramelo” no corresponde a una raza formal en términos genéticos, su reconocimiento tiene un fuerte valor simbólico y social. La medida busca cambiar la mirada hacia los perros mestizos, que muchas veces son invisibilizados frente a animales de raza, pese a ser parte de la vida cotidiana de miles de familias y comunidades.
La iniciativa mexicana se conecta con un fenómeno que tomó fuerza en Brasil, donde el llamado “vira-lata caramelo” pasó de ser un meme en redes sociales a convertirse en un verdadero símbolo cultural. Su imagen se utiliza en campañas, ilustraciones, productos culturales y mensajes de adopción para representar a los perros mestizos sin hogar y reducir el estigma asociado a los animales sin raza definida.
En Brasil, el caramelo alcanzó tal popularidad que incluso inspiró producciones audiovisuales. La película brasileña “Caramelo”, de Netflix, puso en el centro de la historia a un perro mestizo de calle, reforzando su lugar como ícono afectivo y social. Medios internacionales han descrito al personaje como una representación del perro brasileño común, cercano a la gente y convertido en símbolo de identidad popular.
Este fenómeno regional también encuentra eco en Ecuador, donde perros de características similares suelen ser llamados “perros runas”, una expresión popular que alude a su origen mestizo, resistencia y cercanía con la vida comunitaria. En ese sentido, el reconocimiento del “perro caramelo” abre una conversación más amplia sobre el valor de los animales criollos y la necesidad de impulsar políticas de protección animal, esterilización, tenencia responsable y adopción.
Más allá del nombre que reciba en cada país —caramelo, vira-lata o runa—, el mensaje de fondo es el mismo: los perros mestizos también son parte de la identidad latinoamericana y merecen una segunda oportunidad. El reconocimiento simbólico no resuelve por sí solo el problema del abandono, pero puede ayudar a cambiar percepciones, movilizar campañas y recordar que la adopción responsable salva vidas.
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— El Telégrafo Ecuador (@el_telegrafo) April 25, 2026
