Depresión, ansiedad y estrés: ¿en qué se diferencian?
Cada 13 de enero, al conmemorarse el Día de la Lucha contra la Depresión, organizaciones de salud mental, especialistas y comunidades se unen para reforzar la importancia de informar, sensibilizar y facilitar el acceso a recursos de ayuda, promoviendo espacios libres de estigma donde hablar de salud mental sea visto como una prioridad social.
Aunque a menudo se usan como sinónimos, la depresión, la ansiedad y el estrés son realidades diferentes dentro de la salud mental. Entender sus particularidades ayuda a identificar cuándo es necesario buscar apoyo profesional y a reducir el estigma en torno a estos padecimientos.
¿Qué es la depresión?
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por una tristeza profunda, pérdida de interés en actividades cotidianas, falta de energía, alteraciones del sueño y del apetito, y un impacto significativo en la vida diaria. Para recibir un diagnóstico clínico, estos síntomas deben persistir de manera continua por al menos dos semanas. En casos severos, la depresión puede incluir pensamientos de muerte o suicidio.
En Ecuador, los trastornos depresivos son una preocupación creciente. En 2023 se registraron 113.940 atenciones por depresión en los servicios de salud mental del Ministerio de Salud Pública, lo que refleja un uso destacado de los servicios de salud para abordar esta condición.
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta emocional frente a amenazas, peligros o preocupaciones anticipadas, reales o imaginarias. Puede manifestarse con miedo, inquietud o tensión, y suele ir acompañada de síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, temblores o dificultad para respirar. Cuando estos síntomas son persistentes, intensos y desproporcionados frente al contexto, pueden indicar un trastorno de ansiedad.
Estudios en Ecuador han mostrado que niveles moderados a muy severos de ansiedad son frecuentes en la población general, superando incluso a los de la depresión en algunos análisis realizados durante períodos de aislamiento social.
¿Qué es el estrés?
El estrés es una reacción natural del cuerpo y la mente ante demandas, presiones o dificultades. Puede ser útil en situaciones que requieren atención y acción, pero cuando se mantiene de forma constante se vuelve perjudicial. El estrés puede causar irritabilidad, tensión muscular, cansancio, dificultades de concentración y alteraciones del sueño. A diferencia de la depresión y la ansiedad, suele estar directamente relacionado con situaciones específicas y tiende a disminuir cuando estas se resuelven o se aprende a manejarlas.
Diferencias clave entre los tres
- Duración y persistencia:
- Estrés: suele ser temporal y vinculado a causas externas claras.
- Ansiedad: puede persistir incluso sin una amenaza inmediata y afectar diferentes ámbitos de la vida.
- Depresión: se caracteriza por un estado emocional prolongado y generalizado que afecta la funcionalidad.
- Causas y síntomas predominantes:
- Estrés: respuesta a presiones y demandas externas.
- Ansiedad: miedo o preocupación anticipada, con síntomas físicos marcados.
- Depresión: tristeza profunda, apatía y pérdida de interés en actividades significativas.
- Impacto en la vida diaria:
- El estrés puede disminuir con cambios en la situación que lo provoca o con técnicas de manejo.
- La ansiedad y la depresión suelen requerir evaluación profesional y, en muchos casos, intervención terapéutica.
Panorama mental en Ecuador
Según Ecuavisa, en el país, problemas de ansiedad y depresión afectan a un número considerable de personas: expertos estiman que alrededor del 30 % de los ecuatorianos padece problemas relacionados con ansiedad y depresión, señalando una creciente vulnerabilidad en la población. Además, estudios realizados durante la pandemia observaron que aproximadamente 30,7 % de las personas encuestadas mostraron niveles de ansiedad moderada a severa, seguidos por 17,7 % con depresión y 14,2 % con estrés en niveles similares.
¿Cuándo buscar ayuda?
Las señales de alarma para acudir a un profesional incluyen cambios significativos en el estado de ánimo que persisten, dificultad para realizar actividades cotidianas, pensamientos repetitivos de autodaño o incapacidad para manejar la preocupación o el estrés. Buscar apoyo no es un acto de debilidad, sino una forma de cuidar la salud integral.
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