La fábrica R.S. Owens es de esas pocas empresas artesanales que aún sobreviven en Chicago. Y desde hace más de tres décadas la firma se encarga de elaborar las figuras que se entregan en la gala de los Oscar. Cada año, entre 55 y 60 estatuillas son enviadas a la organización con extrema seguridad.
Pero, antes de que el galardón llegue a manos de las celebridades, el proceso para la fabricación del codiciado premio es largo y tedioso.
Entre seis y ocho semanas toma su fabricación. Es el tiempo que se lleva para que la estatuilla de 3,9 kilos sea encerada, pulida, sumergida en cubos de cobre fundido, níquel, plata y oro de 24 quilates, para luego laquearla hasta lograr el brillo necesario.
Después es atornillada a su soporte y guardada, cuidadosamente, en una caja fuerte, mientras se enfrían y secan.
Uno de los últimos pasos que hace R.S. Owens se da un mes después de la gala del Oscar. Cada ganador debe enviar su estatuilla a la Academia para que le dé el toque final: la adición de una plaqueta que personaliza el premio.
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