“Yo le insistía a Charly con que tenía que agradecerle a Dios que estaba pudiendo salir de su infierno”, recuerda Palito hoy, cinco años después de la larga estadía del músico en su estancia de Luján, tras la peor de sus internaciones.
“Un día lo fui a buscar a su rehabilitación –cuenta- y cuando pasamos frente a la Basílica, le dije: ‘Vos tenés que venir a agradecerle a la Virgen, así que vamos a hacer algo loco. Una noche, te voy a poner acá 100 mil watts de potencia y vamos a hacer como Los Beatles cuando tocaron en la terraza. Venimos a las seis de la mañana, cantás tres temas, despertamos a todo Luján y rajamos a los piques sin que la gente sepa qué pasó”.
“Hagámoslo, pero a las seis de la tarde, loco”, dice Palito que le dijo García, quien enseguida compró la idea. Sin embargo, según revela el narrador de la historia que culminó en aquel gesto de exposición casi brutal de Charly, y que Ortega califica de inentendible si no se conoce su trasfondo, el problema más grande era que su huésped sostenía que no iba a poder enfrentarse al público. “Entonces -sigue Palito-, pusimos el teclado de frente a la Basílica, para que se concentrara en su agradecimiento a la Virgen y a Dios. ‘Pensá en eso’, le remarqué. Tocó, y finalmente, cuando terminó todo, le dije: ‘¿Viste? Fuiste, agradeciste y también pudiste cantar para la gente.’ Y Charly se alegró”.
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