Mientras Joe Arroyo luchaba por vivir, los vástagos de las distintas relaciones que tuvo sostenían enfrentamientos e incluso el empresario Ángel Thorrens acusó a Jacqueline Ramón, la última esposa del salsero, de explotarlo.
“ Antes de recaer, Joe había sido explotado por su mujer y su mánager para sacarle plata, a costillas de sus dolencias. Instaban a que actuara con la más ligera mejoría. La última fue el 18 de junio en Bogotá”, dijo Thorrens, quien refirió que, en ocasiones, el cantante le habría suplicado ayuda llorando.
Las disputas familiares durante los últimos días de Arroyo fueron notorias. Por un lado estaba Mary Luz Alonso, una de las ex esposas del sonero cartagenero, y sus dos hijas, Eikol y Nayalibe, de 20 y 23 años, respectivamente. Del otro lado estaba Jacqueline Ramón.
Las jóvenes hijas fueron las primeras en denunciar ante la prensa local que las personas que rodeaban a su padre les condicionaban las visitas y las comunicaciones a tal punto que llevaban varias semanas sin saber de él.
“Nos decían que salió, que está de viaje, y nunca nos lo pasan”, dijeron.
Alonso también acusó a Ramón y a representantes del artista de auspiciar que Joe Arroyo tuviera que cumplir con compromisos profesionales que no estaba en condiciones de asumir por el deterioro de su salud.
“Aquí no importaba quién fue la esposa, la querida ni nada de eso. Aquí importaba la salud de Álvaro (nombre de pila del cantante)”, dijo Alonso.
Semejante criterio tenían Johanna Arroyo Godín, otra hija, y Adela Arroyo (esta última fue la segunda que el creador del “joeson” procreó con Adela Martelo, su primera mujer).
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