Ecuador / Jueves, 12 Febrero 2026

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La idea original fue en forma de bastón y nació hace más de 2 años. Los $ 50 mil que ganaron en el Banco de Ideas en 2015 sirvieron para modificar el prototipo.

Los inventores de HandEyes llegaron de varias provincias

La idea original fue en forma de bastón y nació hace más de 2 años. Los $ 50 mil que ganaron en el Banco de Ideas en 2015 sirvieron para modificar el prototipo.
Fotos: John Guevara / El Telégrafo
Cada uno aplicó sus conocimientos —según el área de estudio— y así diseñaron el aparato para la discapacidad visual.
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Luces de neón intermitentes adornan el letrero de SAIS-3D en la puerta de entrada al segundo piso del Centro Comercial La Colina, frente a la Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE) en Sangolquí.

Es el lugar de trabajo de los 4 jóvenes ecuatorianos creadores del invento HandEyes, una especie de radar para ayudar a la movilización de las personas con discapacidad visual.

El espacio físico no sobrepasa los 60m² y está dividido por paredes falsas de madera. El lugar más amplio es para la oficina, en la que un aparador con vidrios muestra sus productos estrella: la impresora 3D y los diseños que se pueden obtener en esta. Más adentro están 2 espacios que sirven como talleres. Ahí cortan, sueldan y pulen las piezas que así lo requieren. Aquí se encuentra de manera organizada y con tapas los recipientes que encierran clavos y tornillos. A un costado están los alicates, las tijeras, las gafas; y frente a estos la gran mesa en la que trabajan.

Diego Aguinsaca, Fabricio Reyes, Carlos Canuacán y Álex Aldás, quienes no sobrepasan los 25 años, son los propietarios de la empresa que es pionera en brindar asesoramiento técnico y ensamblaje de impresoras 3D.

Los 2 primeros fueron compañeros mientras cursaban la secundaria en Loja, pero fue en Sangolquí donde se forjó su amistad a través del club de robótica en el que conocieron a los otros intregrantes del equipo Álex y Carlos, quienes son oriundos de Ambato e Ibarra, respectivamente.

Todos llegaron a la ESPE hace más de 6 años para cursar sus ingenierías. Álex estuvo a punto de abandonar la carrera por las dificultades económicas que tuvo su familia para costearle sus gastos.

“Gracias a Dios accedí a una beca y pude graduarme con un enorme esfuerzo de mis padres porque ellos son de escasos recursos económicos”.

Es el último de los 4 hijos y el primero en acceder a una carrera de tercer nivel. Sabe labrar la tierra y ordeñar.

Carlos a los 12 años vivió la separación de sus padres y desde ahí su madre Norma es la que siempre lo impulsó. Es un apasionado por el fútbol.

Fabricio y Diego son los más extrovertidos del grupo y se han  convertido en los voceros oficiales. Al primero le fascinan las farras, y al segundo, los videojuegos.

Con la misma habilidad con la que diseñan se mueven en la cocina; y gracias a su esfuerzo lograron cancelar las deudas que contrajeron para montar la empresa. Ahora solo esperan poner en el mercado el dispositivo para ayudar a personas con discapacidad visual. (I).

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