La violencia contra las mujeres está naturalizada en el Ecuador

- 01 de diciembre de 2019 - 00:00

Seis de cada 10 ecuatorianas han sufrido algún tipo de violencia, según encuesta. Para la ONU, esta problemática tiene diferentes rostros: acoso sexual, mutilación genital, tráfico de mujeres, prostitución, aborto, embarazo forzado…

No hay estadísticas actuales sobre la violencia contra la mujer en Ecuador. Las únicas que se hicieron son del 2012: Primera Encuesta de Violencia de Género, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Según esas cifras, 6 de cada 10 ecuatorianas han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, tanto en las zonas urbanas (61,4%) como en las rurales (58,7%).

La violencia contra las féminas está naturalizada, es decir, se cree “normal” en una sociedad patriarcal y dominada por las relaciones desiguales entre los hombres y mujeres, como la ecuatoriana. Eso explica que un marido, un novio o un ex golpee a su esposa o novia, o que acosen a las estudiantes universitarias, o violen a niñas y adolescentes.

Para Virginia Gómez de la Torre, directora de la Fundación Desafío, una institución privada de desarrollo que busca la equidad en el ejercicio de los derechos sexuales y derechos reproductivos, las mujeres sufren diferentes tipos de violencia, unas más que otras. “Existen algunas que son más complejas y graves, como la violencia sexual, el incesto, las violaciones sexuales a edades tempranas, los embarazos no deseados”, dijo.

La guayaquileña Graciela Crespo, de 23 años, es víctima de violencia. Su expareja, Luis Antonio B., le tiró ácido en la cara en abril de 2018. Ella tuvo quemaduras de segundo grado en los brazos, parte del cuello y del rostro, dice una información de un diario local.

Según la Organización de la Naciones Unidas (ONU), la violencia contra la mujer tiene diferentes rostros que no siempre están identificados: hay violencia doméstica, acoso sexual, violación sexual, mutilación genital femenina, matrimonios forzados, crímenes de honor, tráfico de mujeres, prostitución forzada, violación sistemática como arma de guerra, esterilización, aborto y el embarazo forzado, la esclavitud sexual, el infanticidio femenino y la selección prenatal por razones de sexo y patrimonial.

Un ejemplo de violencia patrimonial que topa a las mujeres ecuatorianas: un matrimonio se separó después de 20 años. Él es un arquitecto desempleado y ella una tecnóloga médica. La mujer vendió un apartamento que heredó y él sacó todo el dinero del banco y se fue a Estados Unidos. Él le pide la mitad de lo que ella ganó con sus trabajos de lunes a domingo.

Según la encuesta del INEC, el 61% de las mujeres encuestadas pasó por violencia patrimonial, generada por su pareja o expareja. El 34,2 % de ellas aseguró que sus esposos se quedaron con sus pertenencias.

Otro ejemplo del tipo de violencia que sufren las mujeres en este país: El acoso sexual, por ejemplo, es una constante en cuatro universidades de Quito, según un estudio revelado el 11 de noviembre del 2019. Según el Estudio de prevalencia del acoso sexual en las Instituciones de Educación Superior del Ecuador, cinco de cada 10 estudiantes mujeres han sufrido, al menos una vez en su vida académica, una situación de acoso. "Es una constante en todos los estamentos", aseguró María de Lourdes Larrea, representante de la Universidad Andina Simón Bolívar, que participó en el estudio.

La violencia que sufren las mujeres alrededor del mundo se recuerda cada 25 de noviembre en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

La ONU estableció esa fecha en 1993 porque este fenómeno es una de las “violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre las que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas”, señala en su página web.

El organismo internacional cita varios ejemplos y datos alarmantes: una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental. Solo el 52% de las mujeres casadas o que viven en pareja decide libremente sobre las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos y su salud sexual, señala.

Casi 750 millones de mujeres y niñas que viven hoy en día se casaron antes de cumplir los 18 años, mientras que al menos 200 millones de ellas se han visto sometidas a la mutilación genital femenina. El 71% de las víctimas de la trata en todo el mundo son mujeres y niñas, y 3 de cada 4 de ellas son utilizadas para la explotación sexual.

Todo esto es violación de los derechos humanos de las personas y refleja las desigualdades entre hombres y mujeres. Patricia Larrea (nombre protegido), de 40 años, es una servidora pública que sufrió maltrato por parte de su marido. Su vida fue un completo infierno; cualquier motivo era pretexto para ser golpeada. Tiene dos hijos y ellos también fueron víctimas porque veían sufrir a su madre. Hoy ella está divorciada y reconstruye su vida.

Pero ¿cómo combatir la violencia contra las mujeres? Gómez de la Torre señaló que las mujeres pueden apoyarse en la Ley Orgánica Integral para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, aprobada en 2018 por la Asamblea. En esa normativa se ordenó a los municipios crear las Juntas de Protección de Derechos o las Tenencias Políticas Locales. También existen las comisarías nacionales de policía y a todas esas instancias las mujeres pueden pedir medidas de protección inmediatas, una boleta de auxilio, la orden de restricción de acercamiento del agresor o la orden de salida del agresor del domicilio.

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Erradicar la violencia es un trabajo de la sociedad

La violencia contra la mujer es diaria, permanente y va arraigada a la sociedad patriarcal en la que vivimos.

Nosotras no somos competencia de los hombres, somos complementarios, pero sin duda alguna este equilibrio no se evidencia todavía.

Hemos dado grandes pasos, pero todavía hay mucho por hacer. Erradicar la violencia contra las mujeres no es un trabajo exclusivo de nosotras, es de toda la sociedad.

Podemos contar con varias leyes sobre el tema, pero no servirá de nada si desde cada uno de nuestros hogares no formamos ciudadanos con valores, principios, para que cuando salgan al mundo sean libres, amen y respeten a las mujeres. 

Ana Belén Marín

Asambleísta de Alianza PAIS

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Los peores ataques a mujeres están en la política

Son conductas, acciones y omisiones sobre la apariencia, el rol de género, la cosificación y la desvalorización de la mujer, que tienen por objeto menoscabar o anular el ejercicio de los derechos políticos de las mujeres.

Ecuador no es ajeno a este sistema político patriarcal. En la campaña electoral de 2019 se contabilizaron 544 ataques de violencia política en contra de las candidatas. No por sus propuestas ni sus tesis, sino por su apariencia física o porque consideraban que no merecían esa opción de candidatura. Ese es uno de los principales factores que desincentivan la participación política de las mujeres.

Pese a que la Constitución cuenta con disposiciones que propician un trato igualitario y paritario, la realidad es que las mujeres enfrentamos un clima de discriminación que crece cada día. 

Wilma Andrade

Asambleísta de Izquierda Democrática

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La violencia se detendrá con el cambio de patrones

La violencia es un mal que aqueja a la humanidad. Dentro de este problema social, las mujeres, niñas y adolescentes y grupos de atención prioritaria son los más afectados. Si bien se han dado pasos importantes como la promulgación de leyes, formulación de políticas públicas para erradicar la violencia, aún queda mucho por hacer. El Estado debe dotar de recursos suficientes y oportunos, se deben buscar los mejores mecanismos de articulación interinstitucional e intersectorial, acceso a la justicia especializada, protección y atención a las víctimas, incluyendo la reparación y restitución de derechos.

Llamo a realizar una acción colectiva y mancomunada para la prevención y erradicación de la violencia, que se dé un cambio de patrones culturales, que la igualdad de oportunidades sea una realidad para que las mujeres participemos en diversos espacios en igualdad de condiciones y así contribuyamos a la construcción de una sociedad más justa, humana y equitativa. 

Gloria Astudillo

Asambleísta de CREO

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Estado tiene una deuda pendiente en tema laboral

Existe un claro avance, sin embargo, persisten desigualdades estructurales. Un tema del que no se habla con la suficiente relevancia es el de la mujer en el ámbito laboral, un espacio donde el Estado no ha implementado mecanismos eficaces para erradicar actitudes que limitan el ejercicio de los derechos de las mujeres.

Uno de los factores importantes para que una mujer pueda denunciar violencia intrafamiliar es contar con redes de apoyo y mecanismos de subsistencia. En Ecuador las mujeres son más afectadas por los empleos no adecuados: 7 de cada 10 de la PEA están en esas condiciones. La tasa de desempleo de las mujeres de 24 años es del 14%; mientras que de los hombres, del 8%. Lo paradójico es que las mujeres tienen mayor instrucción educativa. El Estado y las empresas tienen una gran deuda pendiente para contribuir en la libertad financiera de las mujeres para que sean autónomas. 

Bernarda Ordóñez

Doctora en Derecho y feminista

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