La tolerancia permite asimilar las diferentes creencias religiosas

- 08 de octubre de 2019 - 16:16
Foto: Referencial

El artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) precisa que todas las personas tienen derecho a sus propias creencias, a tener una religión, a no tener ninguna o a cambiarla. Ahora bien, ¿en qué medida es apropiado que el núcleo familiar influya en la libertad de decisión del niño para adoptar o no una convicción religiosa?

La psicóloga Margarita Peralta Merelo expresa que la religión juega un papel importante en la sociedad, en las políticas de los gobiernos y en la vida de las personas; y describe que en algunas familias se estima a la religión como el ideal de la vida terrenal que debe llevar una persona para alcanzar la gracia divina, dentro de estos núcleos familiares se educa a los integrantes para que se alineen a ese estilo de vida mucho antes de que existan en el mundo.

La psicóloga analiza que "en el proceso de crecimiento, una persona tiene la posibilidad de cuestionar la manera en la que ha sido educada y decidir si quiere o no formar parte de la ideología, dicha decisión suele ocurrir en la adolescencia pues es en esa etapa en la que el ser humano se encuentra buscando autonomía".

La experta aclara que es difícil generalizar a todos los núcleos familiares en si lograrán respetar que sus hijos decidan adoptar o no una creencia religiosa porque se involucra diferentes factores tales como la educación, estatus socio económico, niveles de tolerancia, importancia de la familia en la sociedad religiosa y demás; sin embargo, "siempre se espera que los miembros de la familia sean una red de apoyo que entienda y comprenda cuando existen decisiones diferentes a las enseñadas".

Y cuando no sea así, el artículo 23 de la Constitución del Ecuador garantiza la libertad de conciencia y de religión, expresadas en forma individual o colectiva, en público o en privado. "Las personas practicarán libremente el culto que profesen, con las únicas limitaciones que la ley prescriba para proteger y respetar la diversidad, la pluralidad, la seguridad y los derechos de los demás", menciona.

Asimismo, la Carta Magna protege el derecho a guardar reserva sobre sus convicciones políticas y religiosas. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre ellas. En ningún caso se podrá utilizar la información personal de terceros sobre sus creencias religiosas y filiación política, ni sobre datos referentes a salud y vida sexual, salvo para satisfacer necesidades de atención médica.

Por lo expuesto anteriormente, surge una interrogante: ¿puede una persona a temprana edad tener la facultad de decidir sobre si acoger o no un culto religioso?

La académica señala que una persona complejiza su toma de decisiones con el pasar del tiempo. La educación religiosa, que ejerce la familia sobre una persona, ocurre mucho antes de que ese ser humano exista. "Cuando una personas nace lo hace desprovisto de saberes y es la familia, a través del lenguaje, que da sentido a la vida y la religión, para muchas familias, es la manera en que entienden el mundo", resalta.

Así también, Peralta anota que "difícilmente un infante cuestionará las enseñanzas religiosas que se le imparten, salvo que su integridad física y/o psicológica se encuentre en peligro por una situación que difiera lo que enseñan".

No obstante, la estudiosa opina que para el padre o madre "es inapropiado cegarse y apasionarse con creer y hacer todo lo que dicen los textos religiosos, pues eso ocasionaría que si un hijo no cumple a rajatabla lo establecido podría llegar a tener consecuencias devastadoras. Siempre es importante que las familias dejen un espacio a las dudas, porque con ellas podrán hablar y crear referentes familiares que se convierten en códigos propios".

Finalmente, cabe preguntarse si un niño formado en preceptos ateístas difiere en lo humano respecto de otro que ha sido formado en preceptos religiosos. Peralta sostiene que "todos los niños son criados de acuerdo a lo que los padres consideran correcto e incorrecto", sin embargo, observa que la enseñanza de la tolerancia y la libertad de expresión permitirán que las diferencias religiosas que pudiesen surgir "no sean un detonante de odio ni un arma para imponer que alguien es más humano que otro".

Según la Organización de las Naciones Unidas, los tribunales de muchos países han dejado claro que "las creencias religiosas no son una licencia para difundir el odio, o incluso cometer violencia contra los seguidores de otras confesiones". (I)

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