Tejidos, medio de expresión de los pueblos ancestrales

- 23 de julio de 2018 - 00:00
Cuatro tejidos que muestran un colibrí, un jaguar, una anaconda y un pez expuso la artista visual y escultora Mónica Ganchozo, como resultado de una investigación que realizó sobre las leyendas de la cultura Manteño-Huancavilca.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

La cultura Manteño-Huancavilca manifestaba su pensamiento con figuras que representaban a los mitos. Para ellos, el origen de todo era descifrado con los trazos.

Para algunos el mito no pasa de ser una información falsa, cuando en realidad implica una manera de pensar basada en la imaginación, forma particular de descifrar las cosas y los fenómenos, distinta a las categorías de la lógica cartesiana.

Bajo ese concepto Ileana Almeida Vélez resume su libro Mitos cosmogónicos de los pueblos indígenas en Ecuador, con el que trata de rescatar ese pensamiento que se refiere a la creación primordial, cósmica, del propio universo, de los elementos y de los seres humanos.

Ingerborth Constantine, gestora de lenguas ancestrales, y Mónica Ganchozo, artista visual y escultora, destacan los mitos en la cultura Manteño-Huancavilca (500–1532 d.C.) y su expresión a través de los tejidos.

“El mito se clasifica en cuatro partes: Origen de Dios, del ser humano, de la creación de la naturaleza y el Apocalipsis. Todos los idiomas nacen de un sonido, de imitar a la anaconda, al jaguar, al árbol y a la cascada. Esto crea un fonema y el conjunto de ellos dan paso a las palabras, que se vuelven los mitos de las culturas”, explica Constantine.

Es así como el ser humano indaga su origen y esa expresión oral empieza a hacerse tangible. En el caso de los Manteño-Huancavilcas, la forma de manifestarse y preservar su cultura es a través de símbolos en los tejidos.

“La tejitura es un medio con el que esa cultura sigue comunicándose con nosotros y se mantiene viva. La población expresa lo que es, su identidad y cultura. Su naturaleza y lo que representan”.

Al respecto, Ganchozo realizó una investigación que le permitió encontrar íconos o imágenes en alforjas y en chupas (pequeñas bolsitas para llevar la coca o productos que iban a intercambiar).

Esas figuras, que los investigadores llaman copas (un triángulo arriba y otro abajo que se tocan en las puntas y junto a otros en igual posición van formando rombos) tenían una representación para el pueblo. Era una especie de pensamiento de lenguaje. Un triángulo representa la femineidad y el otro la masculinidad”.

Ganchozo indica que en la Costa se ha perdido el lenguaje originario, pero hallaron símbolos que equivalen a pensamientos generales que encajan con el de los actuales habitantes. “Por ejemplo, en una de las estelas investigadas decía: ‘Aquí yace parte de la mujer, parte de la naturaleza. Te devuelvo a la madre tierra’. Era una especie de interpretación de los símbolos, un pensamiento general”.

En otro caso, un pez puede representar el poder de su cultura. Esa figura, así como la de la anaconda y el jaguar son parte del mito de la naturaleza y debían ser contados de alguna manera, señalan las gestoras culturales.

Así, el tejido, más allá de ser el medio en el que expresan su pensamiento, empieza a tener sonido, voz. “Tratamos de que esto no sea una mutación, sino una especie de evolución, donde yo plasmo estas iconografías vivas que van a la contemporaneidad”.

La investigación de Ganchozo fue presentada en Guayaquil con el nombre Tejituras de Adentro, una exposición que le tomó cinco meses de preparación, ya que consta de cuatro tejidos, con cuatro metros de largo cada uno, donde dio forma a una anaconda, un colibrí, un pez y un jaguar.

El material utilizado fue celulosa vegetal cortado en pequeñas láminas verticales y transversales. (I)

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