El tejido de bayeta se adapta a las tendencias de las comunidades

- 19 de febrero de 2019 - 00:00
Antes la bayeta se hacía con lana de oveja y en telar de cintura; ahora el tejido se ha adaptado a las tecnologías.
Fotos: cortesía: Diario El Tiempo

En la comunidad indígena Salasaca esta prenda es considerada una de las más preciadas por las mujeres, pues su color determina su estado civil. Además la tela se utiliza para elaborar pañales o cobijas.

En tiempos antiguos esta tela se hacía con lana de borrego y era urdida en telar de cintura, pero en la actualidad el tejido se ha adaptado a  las nuevas tecnologías. Patricio Marchán utiliza un telar eléctrico en el que trabaja con una técnica que aprendió de un indígena originario de Otavalo.

La bayeta, esa tela utilizada para elaborar pañales o cobijas y que también es parte de la vestimenta de las mujeres de la comunidad indígena Salasaca, se la teje hilo a hilo. Aunque en tiempos antiguos se la hacía con lana de oveja y en telar de cintura, en la actualidad el tejido se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

Hace más de 10 años, Patricio Marchán empezó a tejer la bayeta en un telar eléctrico que trajo de Otavalo. En su vivienda, ubicada en la vía a Sinincay, ha implementado el uso de este telar que conlleva todo un proceso.

Empieza con el procedimiento de urdido y para esto coloca 61 conos de hilo orlón en el denominado portahilos y procede a pasar hebra por hebra en la urdidora para fabricar 22 fajas de 61 fibras cada una. Esta labor le toma unas tres horas. Luego procede a amarrar las fajas para pasarlas al telar, lo que le toma unas dos horas más.

“Todos los hilos se colocan ordenaditos para que no se enreden porque se teje hilo por hilo”, explica Marchán, quien trabaja en este oficio junto a su esposa Martha Pillco, oriunda de Riobamba.

Una vez que se han colocado las 22 fajas en el telar, empieza el tejido y un total de 1.342 hebras se  fusionan una a una. En un día se tejen 200 metros de tela bayeta.

Cuando se ha terminado el tejido se lo retira del telar, se corta de tamaño: 50x75, 75x75 y 90x75 para hacer los pañales y pasarlos por la máquina perchadora. Esto es el acabado para dar al tejido una apariencia afelpada mediante un cepillado “para sacar lanitas y así darle mayor suavidad”, explica Martha.

Ella y su esposo aprendieron la técnica del tejido  con Israel Alba Cando, indígena originario de Otavalo.

Marchán señala que esta es una forma de conservar el uso de las tradicionales bayetas, que viene desde tiempos antiguos.

Así, adaptó el proceso y técnica del tejido a las nuevas tecnologías que implica además la utilización de hilo orlón. El costo de la docena de pañales de bayeta que ofrece Patricio Marchán depende del tamaño, pero varía entre 7,5 y 13 dólares.

Luis Humberto Vinueza, de 51 años, oriundo de Otavalo y radicado en Cuenca, recuerda que en su niñez el único hilo que había era el que obtenían de la esquilada de las ovejas, pero señala que en la actualidad se ha implementado el tejido con el orlón para las diferentes vestimentas tradicionales.

Además de confeccionar pañales, la bayeta es utilizada en la vestimenta de algunas comunidades indígenas.

La mujer cañari lleva la hualcarina o rebozo, que es un rectángulo de bayeta color negro para taparse los hombros y la espalda. (I)  

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