La religiosidad popular se forja con madera en Azuay

- 07 de julio de 2020 - 00:00
Foto: Diario El Tiempo

El trabajo de los artesanos de la provincia serrana ha generado una serie de imágenes que hoy son veneradas tanto en el austro como en otras zonas; un claro ejemplo es el Cristo del Consuelo.

Las imágenes religiosas siempre formaron parte de las fiestas populares en la provincia de Azuay y estas, en su mayor parte, son hechas sobre la base de madera.

El Señor de Andacocha, una imagen de apenas 10 centímetros, convoca a miles de devotos. El Señor de Girón levanta toda una fiesta cada año en el cantón del mismo nombre; cosa similar sucede con el Señor de Paccha, sin mencionar imágenes que fueron creadas por escultores cuencanos y que hoy son parte de la devoción nacional.

No puede quedar fuera el Niño Viajero, una efigie hecha de madera que, según la historia, fue mandada a esculpir por doña Josefa Heredia en 1823; ella es considerada la iniciadora de este culto.

Para 1961, la imagen llegó a manos de monseñor Miguel Cordero Crespo, quien ese mismo año viajó a Tierra Santa, llevando consigo la figura.

“Hacer una imagen en madera es lo mejor que se pudo haber inventado”, indica Maruja Cárdenas, quien tiene un Niño Jesús elaborado en cedro desde hace 60 años. “Una vez se cayó, pero no le pasó nada. Nunca entró ni la polilla”, dice sonriente la mujer.

Jaime Jimbo, un artesano cuencano que lleva 45 años como escultor, nunca estudió, pero sí aprendió de su padre y de su abuelo este oficio, en riesgo de perderse.

Con la madera ha elaborado imágenes que están dispersas en varios puntos de la provincia azuaya, incluso del resto de Ecuador. El artesano asegura que este material se ha convertido en el mejor elemento para sus obras.

Su abuelo, Miguel Jimbo, era hábil para la pintura y antes de las fiestas adornaba las iglesias. Luego de él vino Julio César Jimbo, que ahora tiene 88 años; él enseñó la profesión a su hijo. Estos escultores han hecho “trabajos religiosos y profanos”, como dice Jaime Jimbo, mientras talla una escultura de San Agustín, de un metro de alto.

Herramientas como cincel, lápiz, combo, gubias y un compás no pueden faltar en este trabajo que perdura en Azuay. El nogal y el cedro han sido los elementos más usados para este tipo de trabajos; sin embargo, Jimbo señala que ya no se consigue el cedro porque es una especie que se protege en la Amazonía del país.

El padre de don Jaime fabricó el Cristo del Consuelo que se conserva en la ciudad de Guayaquil. La escultura data de 1961 y fue fabricada por intermedio de César Quizhpe, quien se acercó para solicitar la imagen que hoy es venerada por miles de personas en el puerto principal. “Creo que costó 2.500 sucres”, menciona. (I)

El oficio es practicado por pocas manos en nuestros días
“Los hogares cuencanos, al igual que los coloniales, en su interior poseían obras de pintura y escultura fundamentalmente religiosas”, señala Diego Arteaga en su libro Artesanía.

Agrega el experto que en el año 1831, el presbítero Mariano Delgado y Espinoza, clérigo domiciliario del obispado de Cuenca, decía que posee “una imagen del patriarca José con su luna de cristal por delante y su moldura dorada, un Santo Cristo romano de indulgencias”.

Según Jimbo, en la actualidad a más de no tener madera, los escultores se van perdiendo porque las nuevas generaciones no practican este oficio. “Quizás conmigo se termine este trabajo; mis hijos se dedican a sus profesiones y no tienen interés en la escultura”, manifestó.

Las figuras religiosas son la especialidad de Jimbo y subrayó que es importante que se reconozca el esfuerzo, la inversión y el tiempo que involucra hacer obras de esa naturaleza. (I)

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