¿Eso pica? La primera intriga de los turistas frente a un plato chino

- 22 de septiembre de 2019 - 09:38
Fernando Machado | et

Al recorrer los restaurantes de Beijing es posible constatar que el picante es una de las características del menú. Pero a diferencia de la cocina ecuatoriana, el arroz es muy escaso y en su lugar están los fideos en todas sus formas.

La gente piensa a menudo que la comida china es picante y cuando visitan el país asiático tienen miedo de probarla.

¿Eso pica? Es la pregunta habitual en las calles de Beijing. ¿Spicy? Averiguan los extranjeros de habla inglesa.

“No pica, no pica”,  responden los meseros chinos que han aprendido un par de palabras en español para atender a los turistas.

Pero caminando por las calles de la capital china, ¿qué podemos encontrar? Con un grupo de compañeros de los medios de comunicación latinoamericanos nos internamos en la ciudad para descubrirlo.

A algunos les cuesta más que a otros. Una compañera cubana sentía picante en todos lados aunque no lo había.

 Los fideos son, sin duda, uno de los ingredientes principales y se exhiben de todos los  tipos: gruesos, finos, grandes y pequeños, rectos o quizás curvos. Hay fideos de sobra y se los acompaña con carne de res, cerdo, pollo o vegetales y alguna salsa.

También es habitual la sopa, que incluye varias combinaciones.

De cualquier modo no le tema al picante, ya que no es demasiado y siempre puede pedir su plato sin “spicy”. Las papas tampoco faltan y generalmente se saltean con verduras. Además  las encuentra fritas.

Otro de los ingredientes más usados  en la cultura milenaria son los hongos. De igual manera hay de todas formas y tamaños, se los prepara fritos o estofados, en ensaladas y acompañados. ¿Y el arroz? Se encuentra en menores cantidades y frito. Sabe muy bien.

 Caminando por Quiamen, uno de los sitios turísticos por esencia de Beijing, se  encuentran decenas de restaurantes. Los platos oscilan entre los 25 ($ 3,53) y 100   ($ 14,10) yuanes. El menú siempre incluye carnes, vegetales y otro acompañado más.

Entramos a un chifa, como se los conoce en Ecuador, pero no hay nada tan parecido a lo que allí se ve.

El chaulafán es un invento latino, acá casi no se encuentra el arroz, la mayoría de platillos incluyen algo de carne y vegetales. Hay pollo al curry, bolitas de pollo frito agridulce, papas salteadas con carne, zanahoria y cebollas. También hay hongos cocidos con fideos o con otros  vegetales.

Lo bueno de Beijing es que en todos los restaurantes, incluso los más pequeños y escondidos, los menús están en chino e inglés.

De hecho, toda la ciudad tiene letreros en inglés por lo que es difícil perderse. El metro tiene 19 líneas para facilitar el acceso a cualquier zona de la ciudad.

Si es de los que le gusta el ambiente de fiesta puede ir a la calle Sanglitum, donde encontrará cerveza local y también extranjera a unos 20 yuanes ($ 2,82).

Y si, después de todo, no se atreve a probar la comida china hay un menú internacional: pizza, hamburguesas, paella, taquitos y más.

Después de recorrer algunas calles, donde algunos restaurantes ofrecían menús muy costosos a medida que se acercaban a las tiendas de Gucci y Chanel, hallamos un lugar con una mezcla china y occidental.

Allí la oferta era muy completa y, además, cada lunes los pedidos reciben un 50% de descuento. Ahí la cerveza local, en un vaso de un litro, costaba 20 yuanes ($ 2,82) y la música combina desde disco hasta rock and roll.

Si viaja a China no debe perderse la experiencia de caminar por algún hutong, los barrios de estratos más populares en Beijing, en donde prima la comida típica.

Cerca de la torre de la campana y el tambor encontramos a Mr. Shi’s, un local famoso por sus dumplings, una especie de empanadas hechas con masa de arroz.

Los hay fritos y hervidos, cada visitante escoge la combinación de tres ingredientes: queso, carne y un vegetal, o dos vegetales. Ahí también hay cerveza local que cuesta entre 12 y 15 yuanes.

El restaurante es limpio y lleno de extranjeros que en las guías de viajes han visto la recomendación.

A lo único que debe acostumbrarse es a los baños públicos. La mayoría de restaurantes en los hutongs no tiene uno, así que deberá ir a los que hay en las avenidas. No están lejos y hay uno detrás de otro, pero la experiencia no es muy bonita.

Al principio es difícil acostumbrarse a las letrinas y al hecho de que no haya puertas, pero una vez que ha superado el miedo se acostumbrará.

Si ya pasó el temor de algunas comidas y de los baños puede ir a Wangfujing, el mercado nocturno de comida, donde puede comer todo lo exótico que desee.

Alacranes y otros insectos fritos en un palito como si se tratara de un pincho. También hay pequeñas aves completamente fritas y otras cosas exóticas.

Lastimosamente no hubo forma de probarlos,  varias calles estaban cerradas por los preparativos para la celebración de los 70 años de fundación de la República Popular China.

Sin embargo, en una de esas calles un restaurante muy pintoresco,  donde los fideos eran la especialidad,  una periodista española tuvo que luchar con los palitos y fue posible disfrutar de una buena comida, barata y que no tenía picante.

La comida en los hoteles también es variada, en la mayoría ofrecen un desayuno bufé que incluye productos occidentales como huevos, jamón, tocino, pan y jugo.

Pero además están los hongos, los fideos, las verduras, y otros ingredientes que no pueden faltar en la cocina de los chinos.

Lo cierto es que no hay que temerle al picante y caminar por Beijing le dejará el paladar extasiado. (I) 

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