Pinargo, el músico ecuatoriano de los sombreros en miniatura

- 10 de abril de 2018 - 00:00
Elaborar sombreros, cuyos valores van de $ 2 a $ 22, puede llevarle a Pinargo tres o cuatro horas, incluso hasta días. El charango es otra de sus pasiones y confiesa que ese gusto por la música también le fue heredado.
Foto: EFE

Las manos de este artesano no solo moldean sombreros, sino que también hacen cantar la madera con la que está elaborado su apreciado charango. Sobre él recayó la responsabilidad de mantener tradiciones de antaño.

Músico por afición y artesano de profesión, el ecuatoriano Luis Pinargo esquivó el avasallador avance de la industria y rescató el arte de confeccionar sombreros con sus propias manos, con las que ha mantenido una antigua tradición familiar y cultural.

A 30 minutos al sureste de Quito, la ciudad de Sangolquí acoge el taller de quien es uno de los últimos sombrereros de la zona y que trabaja en modelos de distintos tamaños y variados colores, muchos de ellos miniatura.

“Aquí en Sangolquí, me atrevería a decir que soy ya uno de los únicos que queda. Un hermano también ha aprendido, pero lo lleva esporádicamente”, cuenta Pinargo, quien, aunque mantiene el trabajo manual, confiesa que sí ha echado mano de avances industriales en sus tradicionales sombreros de paño.

Ícono cultural en la provincia de Pichincha, subraya, no obstante, que su trabajo “sigue siendo artesanal” y que la mecanización es “una forma de hacer más rápido las cosas”.

Los sombreros que crea varían en colores, texturas y formas; entre los más destacados se encuentran los tradicionales andinos de paño de ala corta, de ala ancha, aunque también ofrece de paja toquilla y boinas.

Además, puede fabricar sombreros para imágenes, muñecos o adornos, porque Pinargo tiene la habilidad de adaptar el deseo de cualquier persona y plasmarlo en lo que él denomina “ropa de cabeza”.

En una demostración para EFE, con un cepillo engoma la tela del futuro sombrero para darle consistencia, luego lo restriega para deshacerse de los vestigios del pegamento y lo coloca en un molde hasta darle forma.

El proceso
En un proceso casi ritual, de esos abandonados por técnicas más modernas, pasa luego a una repisa a la que le llega el calor que emana una cocina sobre las que calienta rudimentarias planchas con las que alisa el alerón.

Sobre una mesa en la que lucen bajo un vidrio billetes antiguos de varios países, Pinargo cuida cada detalle en busca de la perfección y, sobre todo, de mantener esta tradición.

Detrás de su devoción por esta artesanía, está el legado familiar que heredó de su padre y que él comenzó a descubrir “por necesidad” después de casarse.

Para las autoridades de turismo de Sangolquí, de apenas 75.000 habitantes, el esfuerzo y la dedicación de Pinargo son ya parte del sello cultural de la ciudad.

“Somos muy ricos en cuanto a artesanos. Puede ser considerado, sin duda, un personaje icónico”, explica Samantha Aspiazu, analista de turismo del cantón.

La técnica de turismo Valeria Infante indica que la población conoce perfectamente el trabajo de Pinargo y que su reputación trasciende los límites municipales.

Cuenta como anécdota que, en uno de sus paseos por “La Ronda”, uno de los lugares tradicionales más importantes del Centro Histórico de Quito, el dependiente de una tienda de sombreros en la que entró le   recomendó que fuera a Sangolquí. “Señora, ¿por qué no va y comprar donde Pinargo?”, recuerda que le dijo el vendedor, mientras reía cuando ella le contó que venía precisamente desde esa localidad.

Elaborar sombreros, cuyos valores fluctúan entre $ 2 y  $ 22, puede llevarle a Pinargo tres o cuatro horas, incluso hasta días, dependiendo de su complejidad.

El proceso es laborioso y requiere mucha dedicación y paciencia, que, como músico, no le son ajenas porque sabe que el arte requiere altas dosis de serenidad y perseverancia.

Es que las manos de Pinargo no solo moldean sombreros, sino que también hacen cantar la madera con la que está elaborado su apreciado charango.

“Puedo decir que también soy un compositor porque tengo 29 temas ya plasmados en un CD”, indica con la misma humildad con la que confiesa que, en el ámbito musical, no es “muy conocido”. También la música la heredó de su familia. “Mi abuelito tocaba el arpa, mis tíos el bandolín y el violín, y yo he heredado la afición de tocar el charango”.

En Pinargo ha recaído la responsabilidad de mantener estas tradiciones de antaño que, como dice, no pueden existir sin personas que quieran mantenerlas vivas para las nuevas generaciones. (I)  

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