Las mujeres dan dura lucha a la violencia

- 25 de noviembre de 2018 - 00:00
Cientos de féminas exigieron que respeten sus derechos. Muchas llegaron por convocatorias en las redes sociales.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Organizaciones feministas, ecologistas y sindicalistas protagonizaron la tercera marcha “Vivas nos queremos”.

“No nací mujer para morir por serlo”. El mensaje del cartel era contundente y resumió la causa que tuvo a casi 1.000 personas -la mayoría mujeres- al pie de la Puerta de La Circasiana, en el parque El Ejido de Quito.

La caminata comenzó con retraso, pero permitió que el grupo se nutriera, hubo más y mayor diversidad en quienes protestaron con motivo del Día Internacional de la no Violencia contra la Mujer, que se celebra cada 25 de noviembre desde 1981.  

Personas de la tercera edad, adolescentes, niñas, adultas, mestizas, afrodescendientes, extranjeras, personas con discapacidad... mujeres. Los pies se unieron en la misma dirección, su meta fue avanzar hasta el bulevar de la avenida 24 de Mayo, en el Centro Histórico.

“Allá haremos la acción de cierre por la necesidad de retomar la justicia”, anunció Ana Cristina Vera, integrante de la plataforma “Vivas nos queremos” y Surkuna, organismos que luchan por la equidad de género.

Hubo de todo. Laura Ocaña, de 67 años; Susana Chiriboga, de 40 años; y Anahí Ganán, de 12 años; abuela, hija y nieta, arribaron desde el barrio El Pintado con la convicción de alentar las consignas de la manifestación.

Susana motivó a su madre y a su hija por la invitación que le enviaron a través del grupo de WhatsApp “Amigas desde el colegio”, que aglutina a sus excompañeras de la Unidad Educativa Manuela Cañizares.

Doña Laura habló convencida de la razón que la condujo al evento; se compadeció de las personas con hijas desaparecidas, violadas o víctimas de femicidio.

A “Doménica”, de 21 años, no la invitó nadie, pasaba por el lugar y se quedó. Contó que residir en una ciudad distinta a la de su exnovio le impidió denunciar la agresión física de la que fue objeto hace seis meses.

Una joven argentina, de 23 años, que prefirió el anonimato, se adherió a la marcha porque se siente parte de la lucha. Hace año y medio recorre Latinoamérica y no hay país de la región donde no haya visto discrimen.  

El clima, ausente de lluvia, les permitió caminar a paso pausado, sentarse, gritar... “Tú me quieres virgen, tú me quieres santa ¿Sabes una cosa? Ya me tienes harta”; “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”... coreaban con fuerza.

Los carteles mostraban las cifras: “El 88% de los abusadores jamás serán juzgados”  y “Cada 53 horas una mujer es asesinada en Ecuador”. Los  mensajes fueron más allá de las estadísticas.

Ana Cristina Vera explicó a los medios de comunicación de lo que va de 2018 se registraron 75 femicidios y desde que apareció esta figura en el Código Orgánico Integral Penal (COIP) en 2014 se presentaron casi 580 casos.

Pero la protesta no fue solo contra la violencia de género ni -como afirmaron- frente a la retórica mentirosa de ciertas autoridades.

Vera opinó que la impunidad y la falta de herramientas que permitan el funcionamiento adecuado de la normativa es otro atentado contra sus derechos.

“Tenemos quizás la mejor Ley de Erradicación de Violencia contra las Mujeres de Latinoamérica, sin embargo, no hay presupuesto y en la Proforma Presupuestaria de 2019 van a reducirlo el 92%. No hay realmente una acción estatal comprometida”.

La pelea también es de los hombres, por lo menos de aquellos que se identifican con la equidad. Steven Guevara, de 23 años, criticó la estupidez, la negligencia, que rodea al acoso, al discrimen... problemas que no están acordes a los avances del siglo XXI. (I)