Los "millennials" salen del clóset

- 28 de junio de 2020 - 00:00
Parte de los avances logrados en las últimas décadas por el movimiento LGTBI+ se relacionan con la percepción que tienen las generaciones jóvenes respecto de la sexualidad, además de otros aspectos de la vida.
Foto: Cortesía

Las personas pertenecientes a esta generación son muy abiertas de mente, lo que les permite tanto aceptar las diferencias en otras personas como aceptarse a sí mismos en su individualidad.

A diferencia de las anteriores generaciones, los jóvenes millennials se identifican  cada vez más con el movimiento LGBTI+. Esto se debe a que en los últimos años este grupo social ha ganado visibilidad. Sin embargo, aún falta velar por los derechos de esta comunidad, pues sigue siendo víctima de violencia de género, homofobia y transfobia.

Diario EL TELÉGRAFO dialogó con cuatro jóvenes millennials, miembros de esta comunidad, para contarnos sus testimonios de vida.

“En un mundo heteronormado, lo más importante es el acompañamiento”

Jeanneth Cervantes, 34 años

“En un mundo heteronormado, lo más importante es el acompañamiento”

Es mujer, lesbiana y feminista. Se dedica a la comunicación y está enfocada en temas de Derechos Humanos y justicia. Ella descubrió que era lesbiana cuando tenía 27 años mientras trabajaba en una institución pública. Allí conoció a una compañera de trabajo que le empezó a gustar. “Mi proceso de descubrimiento, desde la diversidad, fue muy especial y de los más amorosos que he vivido”, señala.

La comunicadora nunca pensó que este proceso le podría generar algún tipo de discriminación, porque fue natural y su círculo de familiares y amigos la acompañó en este camino. Además, estuvieron pendientes de su bienestar en ese proceso.

“En un mundo heteronormado, lo más importante es el acompañamiento. La homosexualidad no es un pecado o una enfermedad. Frecuentemente, las personas LGBTI+ no tenemos esa ventaja. Para mí fue un privilegio estar acompañada, en un contexto hostil para la comunidad, que son víctimas de odio”, enfatiza Jeanneth.

Áleck Armas, 23 años

“La comunidad transmasculina no es muy visibilizada”

Es un chico trans. Está por culminar sus estudios universitarios como plurilingüe para ser profesor de idiomas. Es parte de la Fraternidad Transmasculina Ecuador, cuyo fin es dar apoyo y visibilización a los chicos trans.

A la mitad de su carrera universitaria, Alék empezó a tener conflictos internos porque sentía que no se hallaba y no sabía lo que le pasaba. Entonces, empezó a buscar ayuda psicológica para saber lo que estaba pasando. “Tenía sospechas de que me identificaba con otro género y fue difícil porque hay pocos psicólogos especialistas en personas transmasculinas, porque no somos visibilizados”, señala Alék. 

Agregó que en este proceso contó con el soporte de sus amigos y docentes universitarios, pero en su familia fue complicado, al inicio. “En 2017 hice mi cambio de nombre y género en el Registro Civil, lo cual es extraño porque necesitas dos testigos para poder hacerlo, es decir, necesitas que otra persona diga cómo uno se autoidentifica. Asimismo, en la fraternidad cuestionamos que en la cédula conste como género en las personas trans y en el de las personas cisgénero aparezca como sexo. Es una manera de segregarnos o separarnos”, enfatiza Alék.

Daría Lamaracx, 25 años

“La construcción de la identidad y salir del clóset son procesos que pueden durar años”

Es trans, además comunicadora social y diseñadora gráfica. En los últimos años se ha dedicado al arte en espacios no convencionales. Cuando era adolescente, Daría descubrió que era gay y sintió un ambiente de malestar en su familia, pero con el paso del tiempo lograron comprenderla.

“La construcción de la identidad y de salir del clóset no sucede de la noche a la mañana, sino que son procesos que pueden durar años y son distintos. Suelen ser amorosos en unos casos, pero también hay mucha violencia en otros”, cuenta Daría.

Por ello, años más tarde, en 2017, mientras estaba en un taller de Drag Queen, Daría se dio cuenta de que era una chica trans. Cuando contó a sus familiares, fue como salir otra vez del clóset. Hubo conflictos con su familia, pero pasaron unos meses hasta que ellos lograran entender este proceso, especialmente sus padres.

Almendra Ortiz Ruano, 23 años

“Nadie tiene la potestad de decirle a otra persona a quién poder amar y a quién no”

Bailarina y estudiante de danza en Guayaquil. Es oriunda de Esmeraldas. Cuando estaba entrando a la adolescencia, Almendra se dio cuenta de que le gustaban las mujeres. “Fue muy fuerte mi proceso de salir del clóset, aceptarme y dejar las heteronormas, porque mi familia es muy conservadora”, cuenta.

Por ello, le costó mucho hablar con sus parientes sobre su orientación sexual. “La primera persona a quien le conté fue a mi hermana mayor, quien me apoya en todo. Cuando se enteraron algunas personas de mi familia, tuve muchas peleas y conflictos, especialmente con mi madre”, manifiesta Almendra.  Sus hermanas la han apoyado en este proceso y le aman tal y como es ella.

“Nadie tiene la potestad de decirle a otra persona a quién poder amar y a quién no. Estoy en el camino de la disidencia y de la deconstrucción de lo establecido por la sociedad”, señala.

Actualmente es parte del colectivo llamado “La Concha Batuekeada Lesbo Feminista”. (I)

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