Los kichwas amazónicos guardan celosamente sus raíces andinas

El idioma de este pueblo es en el 90% el mismo que se habla en etnias de la Sierra. El lenguaje es uno de los principales legados, seguido de la alfarería de Panzaleos y Puruhaes, quienes se radicaron en la selva hace siglos.
05 de septiembre de 2019 00:00

Kichwa amazónico es el nombre de la segunda nacionalidad indígena más conocida y multitudinaria del Oriente ecuatoriano. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), alrededor de 12 mil personas la integran.

Su población se distribuye en las provincias de Sucumbíos, Orellana, Napo y Pastaza. Pese a que cuenta con características que la distinguen entre el resto de pueblos autóctonos del país, como la vestimenta y alimentación, guarda una ancestral relación con las etnias de la Sierra.

“El nexo entre kichwas amazónicos e indígenas andinos es el idioma. Si bien estos primeros tienen palabras y dialectos muy propios, la lengua es la misma en el 90%”, aseguró Juan Carlos Núñez,  antropólogo ambateño residente en el cantón Mera.

Precisamente en una parroquia de esta urbe pastacense, ubicada a 15 minutos de Puyo, residen varias familias con un notable e interesante legado andino.

Una herencia que trasciende al lenguaje
Se trata de la comunidad Madre Tierra, conocida como el “valle de los volcanes”, pues se encuentra en una planicie desde donde se puede observar varios nevados, entre ellos el Chimborazo, Sangay, Tungurahua, los Altares, y otros.

Wayusa Upina es la ceremonia de bienvenida que brindan los lugareños a los visitantes de Madre Tierra, seguida de bailes tribales y pintura facial.

“Esto se debe a que estamos en pleno corredor ecológico Llanganates-Sangay”, explicó Roberto Montaguano, miembro de la Asociación de Artesanos Kichwa de Pastaza.

Dicho gremio mantiene un centro cultural y de manufactura en la parte urbana de  Madre Tierra. Allí se exhiben  cuencos, ollas, vasijas, entre otras figuras de barro.

“Precisamente la manufactura de estas artesanías son herencia de nuestros ancestros de la Sierra. Según me contaron mis abuelos,  personas de las etnias  Panzaleo (Tungurahua) y Puruhá (Chimborazo) se radicaron en Madre Tierra en su huida de la cruel colonización”, agregó Montaguano.

Esta versión coincide con la hipótesis del cronista Juan Carlos Núñez, quien además sostiene que el mestizaje entre etnias de la Serranía y la Amazonía dejó en el olvido  varias lenguas nativas.

“Hay estudios antropológicos que dan fe de la pérdida de tres idiomas en Sucumbíos y Pastaza. Se sabe poco de ellos, no obstante los lugareños a veces mezclan vocablos de dichas lenguas con kichwa, creando una especie de sub-lenguaje que le distingue del quichua que se habla en la serranía”, dijo Carlos Solís, docente universitario.

Precisamente la palabra Santy, uno de los apellidos más extendidos entre los habitantes indígenas de Pastaza, tendría relación con dichas lenguas ancestrales.

“Mi abuelita me contó que este vocablo -bajo el cual nos identificamos miles de personas de la Amazonía- significa ‘guerrero’ o ‘defensor’. Sumado a la palabra Puyu (niebla), crean el concepto de nuestra cosmovisión ancestral: ‘guardianes de la naturaleza’ que aguardan escondidos en la neblina”, contó Diana Santy, octogenaria de Madre Tierra.

Esta y otras historias las cuentan ancianas y ancianos de dicha parroquia, así como en el Centro Artesanal y Cultural Agua Viva.

Allí, además, es posible probar brebajes amazónicos, y hacer un recorrido por la selva húmeda que rodea el lugar. Un guía explica las variedades vegetales endémicas, y sus propiedades. (I) 

Un guía de Madre Tierra atavía a las turistas con elementos propios de su vestimenta, como coronas de plumas.
Foto: Carlos Novoa
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