Habitantes del Jubones conservan viejas costumbres para la siembra

- 19 de octubre de 2019 - 00:00
La cebolla es uno de los insumos que más se siembra en esta zona del valle del Jubones. Sus agricultores venden el tubérculo en los mercados cercanos.
Fernando Machado/ ET

Los agricultores de la zona mantienen el uso de herramientas manuales, tampoco han dejado de construir surcos para regar sus terrenos y llevan el agua por canales hechos por ellos mismos. El arado forma parte del trabajo diario.

El valle del Jubones, situado en el cantón Santa Isabel,  es considerado el principal proveedor de alimentos para los mercados de las provincias de Azuay y El Oro. Su gente madruga, usa el agua comunitaria y emplea viejos instrumentos para labrar la tierra.

Caminar por sus senderos a una temperatura promedio de 23 grados centígrados puede resultar agotador, pero para los agricultores es un clima ideal para sembrar productos.

Una quema de la maleza llena de humo un pequeño sector del Jubones. “Debemos quemar lo que no sirve y esa ceniza, la usamos como abono”, indica Carlos Toledo, habitante del sector, tras recalcar que sus abuelos realizaban el mismo procedimiento para el preparado de la tierra, antes de sembrar.

A lo lejos existe un canal de riego que capta las aguas del río Rircay, a unos cinco kilómetros al norte. “La vertiente es aprovechada por todos los habitantes del sector, pero es deber de todos cuidarla, de lo contrario no podríamos tener todos estos productos”, advierte Toledo.

Metros más abajo, Carlos Chérrez abre surcos con una pala y lleva el agua por diferentes partes de su terreno.

El líquido fluye a momentos en forma rápida y en su camino irriga los cultivos de pimiento y cebolla. En estos terrenos se siembran sandías, melones y crecen cocos. “Todo esto es parte de nuestro trabajo que comienza muy temprano en la mañana y finaliza en la noche”, indica Chérrez.

Pese a la modernidad, estos campesinos prefieren seguir abriendo surcos, que emplear el regadío mediante mangueras, como existe en otros sectores del cantón azuayo.

“Este es el mejor método para regar nuestros productos”, indica y agrega que la misma técnica fue empleada por sus padres y abuelos y no ha pasado de moda.

“Mis hijos también labran la tierra y hacen surcos”, indica, mientras el agua baña lentamente el área. El canal lleva líquido suficiente como para que todos los vecinos lo reciban y en cada tramo hay una apertura para desviar el agua si es necesario.

El valle del Jubones está atravesado por los ríos León y Rircay, la temperatura en este sitio puede llegar hasta los 30 grados centígrados.

Aquí encontramos tomate de mesa, cebolla, cebollín, pimiento y con gran aceptación se siembra el chile. “No usamos fertilizantes, queremos que el producto crezca sano para beneficio de nuestros consumidores”, señala Marcelo Cárdenas, otro agricultor del valle.

Esta zona está llena aún de aves, “vienen a comer el maíz, el pimiento y el tomate”, indica Cárdenas mientras tórtolas y chirotes (esta última especie ya no existe en los cantones aledaños) son ahuyentados de las siembras.

“Acá aún utilizamos el arado manual, aunque hay personas que prefieren el tractor”, indica Cárdenas.

A la lejanía se observa un grupo de pobladores que cosechan cebolla. “Estamos preparando los sacos  para llevar al mercado”, indica. Ellos usan fundas de yute para empacar los productos. “Siempre hemos trabajado de esta manera. Así empacaba mi padre”, señala uno de ellos.

A la distancia los productos pintan de diferentes colores las pequeñas colinas que son parte del desierto del Jubones. Los campesinos del lugar coinciden en que es importante realizar mingas de limpieza de los canales de riego. La población bordea unas 500 familias, quienes se ponen de acuerdo para realizar este trabajo.

Toledo señala también que los cambios en el clima están afectando la producción. Se indica que existen pérdidas de cosechas y en la crianza de animales, además hay cambios en los períodos de siembra y cosecha, como también pérdidas de las semillas y variedades locales.

“Antes teníamos meses bien marcados, cuando era verano y estación lluviosa”, indica el agricultor, tras señalar que los productos que se cultivan en la zona a veces se pierden porque no se desarrollan en forma adecuada, lo que no los hace  aptos para la venta. (I)  

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