¿Cómo ayudar a un hijo a afrontar situaciones de bullying?

- 01 de octubre de 2019 - 14:00
Foto: Cortesía

El bullying es una problemática social que se configura cuando cumple con las siguientes características: existe violencia psicológica o física (hostigamiento, burlas, insultos, etc) que tiene repercusiones, se ha dado por un tiempo sostenido y existe una diferencia de poder.

La psicóloga clínica Marion Valenzuela Peralta sustenta que antes de ejecutar una solución se debe apostar a la prevención.

Es necesario identificar cuáles son las situaciones de violencia de las que puede ser víctima una persona; esta debe reconocer, desde una corta edad, cuáles conductas son consideradas como agresivas y cuales provocan un sentimiento de incomodidad.

Si tal situación no se ha logrado ser prevenida, Valenzuela puntualiza que el niño o la niña que está siendo afectado por el bullying no debería afrontarlo de forma solitaria. En el hogar, la familia debe incentivar su autonomía y hacerle entender que su voz es escuchada y valorada.

Asimismo, tanto la víctima como el victimario deben tener un acompañamiento psicológico.

En el ámbito educativo, la psicóloga recomienda “realizar intervenciones de sensibilización con el curso afectado, siendo el caso de que una situación de bullying se mantiene debido a los testigos”.

Entre las estrategias de acción (según la problemática e institución) figura el designar a personas mediadoras de conflictos, compañeros, agentes de paz, buzón de problemas donde se escriba de forma anónima, etcétera.

bullying

Puntos a evitar

La experta aconseja un ambiente familiar libre de agresividad. “Es importante que en el hogar se tengan reglas y límites claros donde los niños y niñas tengan responsabilidades, donde la violencia física y psicológica no sea una forma de castigo ni una forma de relacionarse”, reflexiona.

Así mismo, Valenzuela analiza que, como en todo acto cargado de brusquedad, se debe evitar "culpabilizar a la víctima, pensar que la violencia se resuelve con violencia no dando herramientas para resolución de conflictos; normalizar este tipo de violencia; pensar que las consecuencias o la situación se resuelven solas; sobreproteger a la víctima dejándola también sin herramientas ni habilidades; no compararlo con un conflicto”.

Finalmente, la escuela tiene que preguntarse si hay en su institución adultos de confianza identificados por los NNA, si los mayores tratan con respeto a los estudiantes, si existen las instancias para que puedan acercarse a hablar sobre sus problemáticas y si está dispuesto un clima escolar positivo. (I)

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