La formación artesanal es el aval para el éxito de un emprendimiento

- 12 de agosto de 2019 - 00:00
En el taller de mecánica de precisión está el docente Carlos Vinueza junto a uno de sus estudiantes del centro.
Foto: Carina Acosta / EL TELÉGRAFO

Quienes, por diversas razones, no pueden cursar una carrera de educación superior pueden optar por el título de artesano. La formación dura dos años y durante las prácticas los alumnos pueden vincularse a una empresa.

El objetivo es el mismo: abrir un negocio que proporcione ingresos para ellos y su familia. Son 20 jóvenes y adultos que se forman en el Centro de Estudios Artesanal del Valle, en la parroquia Sangolquí, en el oriente de Quito.

Saúl Vinueza, fundador y rector del establecimiento, que este año cumplió cuatro décadas de funcionamiento, calcula que más de 2.350 personas se han graduado como artesanos con el aval del Ministerio del Trabajo.

La preparación, en tres especialidades: Automecánica, Mecánica Eléctrica y Mecánica de Precisión, dura dos años y es en horario nocturno, pues todos los alumnos trabajan durante el día.

Mientras camina por el taller de Electricidad, Vinueza asegura que cada uno de los egresados ha logrado mantenerse en alguna empresa o constituir una propia, dentro y fuera del país.

David Díaz, propietario de Lubridiésel, es uno de ellos. Cada mes, su microempresa da mantenimiento y reparación a más de 200 vehículos en el Valle de los Chillos y los sectores aledaños.

“Gracias a los conocimientos adquiridos, como contabilidad de costos e inglés técnico, pude construir mi taller que funciona hace cinco años”. Lubridiésel da trabajo a 14 jóvenes.

En su ruidoso taller está  José Llumiquinga, de 47 años;  con cierta nostalgia recuerda  que él se formó en las mismas aulas donde se capacitan sus futuros empleados. Llumiquinga es propietario de una rectificadora de motores, y en la actualidad da trabajo a los jóvenes del Centro de Estudios Artesanal del Valle.

La clave del éxito, dice Llumiquinga, se debe a su pénsum didáctico y práctico, que permite a los estudiantes acceder a conocimientos teóricos y prácticas reales, estas últimas se hacen en empresas con las que tienen convenios y remuneran el trabajo que realizan los jóvenes. 

Los tres talleres están dotados de herramientas y materiales adecuados para que los estudiantes puedan afianzar sus conocimientos en sus especialidades.

En el país, según datos oficiales de 2017, los artesanos  representan una actividad productiva que involucra directa o indirectamente a 4,5 millones de ecuatorianos, lo cual representa el 32,7% de la población económicamente activa (PEA).

El rector del centro indica que su intención es seguir formando a personas que necesitan montar un negocio y trabajar.  Su legado está presente en sus hijos, quienes son docentes del centro de formación. Su esposa, quien también es artesana en el área de belleza, también trabaja allí.

La actividad artesanal, según la a Junta Nacional de la Defensa del Artesano, representa el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) y se aspira a  llegar, con los nuevos procesos, al 5 o 6% del PIB.

En una parte del establecimiento, la hija menor de Vinueza, que se graduó como docente parvularia, también montó su empresa: un centro infantil. Su nieto, por su parte, quiere ser ingeniero y enseñar allí también. (I)  

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