En la Asamblea avanza el debate del Código de Ingenios, que busca prevenir la biopiratería y promover la investigación

En 11 países se tramitan 120 patentes con recursos genéticos sustraídos de Ecuador

- 05 de julio de 2016 - 00:00
Foto: El Telégrafo

El Estado revisa la legislación de varias naciones para reclamar el beneficio económico y científico de las invenciones con patrimonio biogenético endémico: flora y fauna. Pueblos ancestrales lo respaldan.

Ecuador es víctima de biopiratería por parte de científicos, empresas y países que hace décadas han sustraído información genética de la flora y fauna del país, con lo cual han creado productos que se aprovechan en el mundo, no así las ganancias y menos el conocimiento.

Del informe de biopiratería elaborado tras 10 meses de investigación  por el Instituto Ecuatoriano Propiedad Intelectual (IEPI) y la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senescyt), se desprende que a 11 países se han llevado recursos genéticos para patentarlos y tener réditos por el  uso comercial de un descubrimiento.

John W. Daly, del ‘National Institutes of Health, National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney diseases’ de EE.UU., por ejemplo en 1974 realizó un análisis científico y descubrió una sustancia analgésica en ranitas, de la familia ‘Dendrobatidae’, que habita en el suroccidente de Ecuador, conocidas como ‘Epipedobates anthonyi’.

La ‘epibatidina’ que se obtiene es un químico neurotóxico que posee extraordinarias propiedades analgésicas capaz de bloquear el dolor: es 200 veces más potente que la morfina y 1.000 veces más que la nicotina, indicó a EL TELÉGRAFO el biólogo investigador Luis Coloma.

Sin embargo, este bien genético del país, sus derivados, composiciones y métodos de tratamiento del dolor, fueron patentados por Daly: obtuvo la US Patent N° 5,462,956.

Esta sustancia no puede usarse por su gran toxicidad, por eso desencadenó la producción de derivados: “Su mercado potencial maneja miles de millones de dólares. Actualmente se realizan pruebas con animales y humanos”, dijo Coloma.

En cambio, el tomatillo endémico de Galápagos fue sustraído luego de estudios realizados a la planta por científicos estadounidenses, quienes se llevaron las semillas tras descubrir que genéticamente es resistente a las plagas. Esta planta endémica ecuatoriana tiene en trámite 21 patentes en Estados Unidos.

En la actualidad, la empresa ‘Terroi Seed Stores’ vende el paquete de 20 semillas en $ 4,50. Se usan en sembríos injertados para proteger de plagas a las diversas clases de tomates que se producen en EE.UU.

Otro recurso sustraído del Ecuador es la planta ‘guayusa’, endémica de la Amazonía. Además de contener cafeína posee teobromina: estimulante que generalmente hay en el chocolate, así como L-teanina: un ácido glutámico análogo que se ha comprobado reduce la fatiga física y mental, y combate el estrés.

Análisis químicos demostraron que el contenido de cafeína en la ‘guayusa’ es de 2,90-3,28% en peso seco. Además, tiene todos los aminoácidos esenciales para el ser humano y una alta actividad antioxidante, con una capacidad de absorción de radicales de oxígeno. Estas propiedades motivaron la extracción genética para elaborar bebidas energizantes; hasta el momento hay 2 patentes solicitadas en EE.UU.

En los casos antes citados, ninguna de las licencias tiene permiso del  Ecuador para usarlas en la creación de productos industriales o comerciales. “Identificamos material genético de plantas y animales sustraídos del país, que han sido patentados en el exterior sin autorización, por lo que iniciaremos un reclamo para revertir esos registros”, dijo a este diario el director ejecutivo del IEPI, Hernán Núñez Rocha.

Indicó que para ello preparan las estrategias legales que serán lideradas por la Procuraduría General del Estado y el Ministerio de Relaciones Exteriores. “Estamos revisando la legislación de cada país para determinar cómo se iniciarán los reclamos, esperamos empezar pronto”.

La idea es que haya beneficio de las invenciones y Ecuador  tenga acceso al conocimiento y la participación de un porcentaje justo de las ganancias de la comercialización de los productos elaborados a base del patrimonio genético nacional.

Incluso, los pueblos ancestrales, que usualmente son los que en primera instancia generan el conocimiento de la utilización de plantas  o animales, apoyan este reclamo: “Es importante que nuestros pueblos tengan beneficios por el uso y no se roben nuestros saberes”, resaltó al diario Franklin Columba, dirigente de la Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas Indígenas y Negras (Fenocin).

El primer informe del IEPI y de la Senescyt revela que se generó el trámite de 120 patentes en EE.UU., Japón, Corea y países de la Unión Europea (UE) de material genético ecuatoriano que será usado en la elaboración de medicamentos, cosméticos y productos industriales.

Núñez dijo que se identificaron 6.452 recursos genéticos endémicos de Ecuador que cuentan con taxonomía completa, que están catalogados en caso de que alguien quiera patentarlos y sirva de beneficio científico.

Normativa busca proteger la biodiversidad y el conocimiento

En la Asamblea avanza la discusión del Código de Ingenios, cuya normativa busca evitar la apropiación indebida de recursos con el establecimiento de un régimen de distribución de beneficios que se revertirán en ciencia, tecnología y conservación de la biodiversidad. Además, instaura un marco legal que garantiza la protección de la biodiversidad en actividades investigativas. “Esta ley es muy importante para impulsar el cambio de la matriz productiva”, indicó el titular del IEPI.

El director de la Senescyt, René Ramírez, resaltó que “Ecuador es uno de los 17 países más megadiversos que albergan el 70% de las especies a nivel mundial. Estamos promulgando un código que busca proteger la biodiversidad, sobre todo por la riqueza en términos ambientales y potencial económico”.

Lamentó que Ecuador sea objeto de biopiratería, razón por la cual se desarrolló un diagnóstico que tendrá 3 informes. El primero, que fue presentado la semana pasada, ya identificó las empresas y países que desarrollaron invenciones con los recursos genéticos endémicos, y de cuáles realizaron solicitudes de patentes o patentado ilegalmente.

A decir de Ramírez, en el “capitalismo cognitivo, el conocimiento y la investigación son utilizados para producir patentes que les den más utilidades a las transnacionales; mientras que en la economía social del conocimiento -a lo que le apuesta el actual Gobierno- lo que interesa es una investigación que sirva y solvente las necesidades de la sociedad, que garantice el derecho de los ciudadanos a los medicamentos y que promueva el acceso a la salud para la población”.

No obstante, Coloma advirtió que por temor a la biopiratería se podría interferir con la investigación científica de biodiversidad sin fines comerciales: “Los países proveedores de recursos genéticos deben estipular reglas y procedimientos justos y no arbitrarios para el acceso en consonancia con el Protocolo de Nagoya”, añadió.

Por eso, estimó que el Estado  debe firmar contratos marco de acceso a recursos genéticos solo cuando alguien esté interesado en obtener o validar patentes.

La investigación de la biodiversidad de Ecuador requiere de esfuerzos: “Estamos lejos de completar su inventario. No más del 10% ha sido inventariado y un porcentaje menor estudiado. Por tanto, la investigación de la biodiversidad debe tener vía libre y fuertes estímulos del Estado ecuatoriano y la cooperación internacional”, afirmó el biólogo.

Pero el tema también pasa por acuerdos internacionales, pues países industrializados como EE.UU., Alemania y Países Bajos, que procesan la mayor cantidad de patentes solicitadas en base a patrimonio genético ecuatoriano (ver gráfico), dificultan el trámite de reclamos.

Núñez cree que la Organización Mundial de Propiedad Intelectual debería impulsar medidas estrictas sobre patentes biogenéticas, como se hace con derechos de autor. (I)

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