Ecuador es el nuevo hogar de los yemenitas que huyen de la guerra

- 19 de enero de 2019 - 00:00
Aunque los yemenitas tienen diferentes costumbres se adaptan a la forma de trabajar en Ecuador y aprenden el idioma español.
Foto: cortesía de Erick Zambrano

Entre recuerdos e ilusiones, un grupo de yemenitas cuenta cómo dejó su país para comenzar una nueva vida en Guayaquil.

Huyeron de la destrucción y la muerte que ocasiona la guerra civil que comenzó en 2015 y que tiene a su país al límite de la catástrofe humanitaria.

Sus perfiles y orígenes son diferentes, pero todos concuerdan que llegaron a Ecuador y a la ciudad para progresar y cambiar el destino de sus vidas.

Abdulaziz Rassam, de 28 años, reside hace dos años en Guayaquil, llegó por recomendación de un amigo.

 Recuerda que fue complicado al principio. “Trabajaba de vendedor informal por las calles”.

Con un tono formal, este joven delgado, y de cejas tupidas, cuenta que estudiaba leyes islámicas, pero salió  de su país por las consecuencias del conflicto.

Abdulaziz dice que en la actualidad trabaja en un restaurante y que se adapta a las costumbres locales, como trabajar con mujeres.

Agrega que en Yemen es raro, una mujer ni siquiera tiene amigos. Pero a pesar de los choques culturales le gusta la ciudad.

Alejarse de la tierra natal es una tarea complicada. Eso lo sabe Abdel Hassan, de 50 años, quien llegó hace seis meses, luego de dejar toda una vida atrás.

“Vivía bien hasta que comenzó la guerra. La situación era tal, que salir por mi barrio se había vuelto algo peligroso”.

Menciona que al llegar a Guayaquil se encontró con otro yemenita que lo ayudó a conocer la ciudad y le indicó los lugares en los que podría vivir y trabajar. Aunque al momento Hassan está desempleado.

Sin embargo, esto no impide que este hombre, de ojos claros y de gran sonrisa, busque otra  oportunidad y aprende español para buscar un empleo.

“No sabía mucho sobre este país, solo lo había escuchado por los deportes,  plátanos y rosas”. Este era el imaginario de Ecuador que tenía  Ahmed Al Awdi antes de llegar en 2015. Este yemení, de 35 años, dice que vino en busca de paz “y eso sí hay en el país”. (I)

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