Ecuador ha superado los niveles de cobertura escolar

- 12 de enero de 2019 - 00:00

La reforma integral de la educación debe articular, necesariamente, la voluntad política, el marco legal, las inversiones, la cobertura y aspectos pedagógicos, de carácter cualitativos.

La Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI), que rige desde 2011, está en proceso de reforma.

Existen aportes provenientes de los gremios de docentes, organismos internacionales y asambleístas que han sido sistematizados a través de la Mesa Legislativa de Educación, que preside Silvia Salgado.

Se conoce que pronto entrará a primer debate y a mediados de 2019 se logrará la meta: una ley reformada que responda a los desafíos actuales y potenciales de la sociedad ecuatoriana.

Silvia Salgado detalla en su informe los ejes de las reformas: el fortalecimiento de derechos, la institucionalidad y modelo de gestión, la educación bilingüe, la carrera docente, la convivencia escolar y el régimen disciplinario.

Aborda también aspectos específicos que tienden, en  conjunto, a garantizar el acceso, la permanencia y culminación en el sistema educativo de niños, y adolescentes con discapacidad mediante modelos regulares y de escolaridad inconclusa.

A lo anterior se suman disposiciones que establecen la meritocracia en la carrera docente, mediante la recategorización automática; la modificación del bachillerato general unificado, con menciones en ciencias, técnico, artístico, internacional y técnico-productivo; el fortalecimiento de la educación intercultural bilingüe; y mejoras en la inclusión en los casos de discapacidad no solo espaciales o arquitectónicas sino adaptaciones curriculares unidas a la formación de docentes especializados.

Otras miradas
Una reforma integral de la educación debe articular, necesariamente, la voluntad política, el marco legal, las inversiones, la cobertura y aspectos pedagógicos, de carácter cualitativos -asociados a la calidad- como la formación de los profesores, el rendimiento estudiantil, la producción de conocimientos, los textos escolares, la investigación científica, la articulación con la producción, y sobre todo, el cambio de mentalidad.

Esto significa el paso de una estructura y gestión centralizada a una desconcentrada y descentralizada; de un modelo escolarista a otro societal, cultural y ambiental; y de un sistema creado para reproducir y enseñar a otro para aprender y enseñar a pensar, mediante un nuevo modelo de escuela.

El sistema educativo -si bien cambió en lo formal-continúa con deficiencias y atavismos estructurales, que han reflejado las evaluaciones nacionales e internacionales.

El país ha avanzado, incluso superado los niveles de cobertura escolar (96%); las inversiones son importantes y se acercan a la norma constitucional, pero existe una deuda social crítica en el ámbito de la calidad. Así reflejan los resultados de las Pruebas Pisa, en lenguaje y, sobre todo, en matemática.

Invertir con equidad
El exministro de Educación, Fander Falconí, sostiene que “5,2 millones de personas mayores de 16 años no han completado su educación básica. Eso significa que tenemos uno de los problemas estructurales más fuertes en este momento”.

Un paso necesario para reformar la educación es la evaluación de la ley vigente -existe un documento al respecto- y del propio sistema, a través -por ejemplo- de un árbol de problemas, que puedan convertirse en objetivos y oportunidades.

El cambio de artículos sin noción del contexto, sin análisis de impactos y los costos consiguientes no abona a la resolución de una crisis estructural de la educación que va aparejada a la de la sociedad, caracterizada por la injusticia, la inequidad, la desigualdad de oportunidades, la exclusión y la discriminación.

La crisis de la educación afecta el sistema social, económico, político, cultural y ambiental. De ahí que el reconocimiento de la educación como la mejor inversión no basta. Es indispensable invertir pero con equidad, con racionalidad, en función de todas las variables posibles y no exclusivamente las curriculares. La educación que imparte el Estado cuesta.

La educación fiscal es, desde este punto de vista, pagada por los contribuyentes. La garantía de la gratuidad no puede ni debe confundirse con gasto superfluo, sin rendición de cuentas.

La nueva escuela
Puede haber cambios legales, pero si no modifican la escuela y la formación inicial y continua de los profesores, no pasará nada. La nueva escuela, en principio, debe inspirarse en el proyecto EPT -Educación para Todos- que comprometió a la mayoría de los países del mundo a mejorar sus sistemas educativos, sobre todo en cuanto a la universalización de la enseñanza primaria y la paridad entre los sexos.

Sin embargo, “hay todavía demasiados niños que reciben una educación de escasa calidad y terminan sus estudios primarios sin adquirir las competencias básicas necesarias en lectura, escritura y cálculo”, expresa el Informe de Seguimiento de la EPT en el mundo publicado por la Unesco. Es tiempo de preparar el nuevo Plan Decenal de la Educación Ecuador 2019-2030.

Alfabetismo universal
La escuela del futuro propone un nuevo alfabetismo universal de alto nivel, es decir, de gran rendimiento. Se trata de “dar a los estudiantes las herramientas para rendir, para contribuir y para que puedan emplearse. Este es el primer deber social de cualquier sistema educativo”, afirma Peter Drucker.

Esta escuela propone una escolaridad que motive a  aprender por sí mismos, y la disciplina necesaria para continuar aprendiendo; una escolaridad que dé conocimiento como sustancia y como proceso.

Una escolaridad que supere el ámbito tradicional de la escuela, el espacio de la escuela, el monopolio de la escuela. Hoy la escolaridad debe saturar a la sociedad y a las organizaciones que dan empleo: las empresas, las oficinas de gobierno, las ONG, las organizaciones de la comunidad, entre otras. La escolaridad no puede ser monopolio de las escuelas.

La relación entre pobreza y mala educación tiende a estrecharse, a medida que los habitantes superan los niveles de desempleo y el ausentismo escolar anacrónico. Las políticas públicas han sido aplicadas y en ciertos tramos superadas. No obstante, se requieren estrategias para superar las brechas y eliminar el círculo de la pobreza. (O) 

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