Decenas de animales recibieron la bendición en la Iglesia de San Francisco

04 de octubre de 2015 16:30

Por primera vez desde que nació, hace ya casi un año, Rufo conoció la Iglesia de San Francisco. Acudió con su mejor traje y correa. Su dueño lo alimentó antes de ir al templo para que no molestara durante la misa.

Al llegar a la Iglesia, ya había otros animales, la mayoría perros, que fueron acomodados en las primeras bancas. Cada año, este templo, ubicado en el Centro Histórico de Quito, acoge a decenas de mascotas para que sean bendecidas por el Día de San Francisco de Asís (quien fue considerado pastor de los animales) y el Día Mundial de los Animales.

Mientras llegan las mascotas, acompañadas de sus dueños, decenas de feligreses que acudieron únicamente para escuchar la misa, no pueden evitar quejarse por el bullicio.

“No pueden dejar entrar a estos animales, no sé por qué no los sacan”, comenta Carmen Burbano, quien desconoce que, cada año, en esta fecha, el sacerdote que preside la ceremonia religiosa se toma el tiempo para bendecir a las mascotas de los fieles devotos.

Al empezar la misa, el padre anuncia que esta será una ceremonia especial y hace referencia a San Francisco que tanto quiso a los animales. En ese momento, los feligreses entienden el motivo de la presencia de tantas mascotas.

Mientras el sacerdote explica la homilía del domingo, el ladrido de los perros impide, por varios momentos, escuchar su sermón. Los perros más inquietos no se someten a las órdenes de sus dueños y se escapan incluso de su lado; muchos corretean y se esconden debajo de las bancas.

“Por Dios santo, así no vamos a poder escuchar nada”, reclama Carolina Herrera quien este domingo acudió a San Francisco en compañía de sus hijos.

Luis Jara llegó a las 14:00 al templo de este domingo, porque quería que su perro Picolino, de apenas 7 meses, recibiera el agua bendita. Aunque vive en Conocoto se tomó el tiempo para trasladarse al centro histórico, en compañía de sus primas y sobrinas. “Él es muy tranquilo, se portó muy bien”. Al finalizar la misa, Luis no tuvo problema en hacer la fila para que Picolino fuera bendecido.

“El padrecito se dio el trabajo de bendecir a cada animalito. Nosotros consideramos a Picolino como parte de la familia, así que por eso lo trajimos”.

Diego Guachamín, ex estudiante del Colegio San Andrés, dirigido precisamente por los padres franciscanos, también acudió con Lola, su perrita de raza bulldog, que lucía una camiseta azul añil donde se leía: Adidog, la marca equivalente a marca de ropa deportiva, pero elaborada para los canes.

Con 12 meses de edad, Lola escuchó, sin inmutarse, el sermón del sacerdote. “Lo bueno de esta raza es que son bien tranquilos, por el hecho de que es pesada, parece que siempre estuviera cansada”.

A pocos metros de Lola, Freddy Molina, de 6 años, cubría con una manta a sus 2 conejos, sus mascotas más queridas. Además de ellos, también cuidaba a su perro Chercán que venía por segunda vez al templo.

Su madre Teresa vino con Freddy desde la Magdalena, al sur de Quito y explican la razón de su presencia en la ceremonia: “Queremos que Diosito siga cuidándole al Chercán. Este año, se salvó de morir, después de que se cayó en una quebrada, gracias a la bendición que recibió el año pasado”.

Uno de sus sobrinos, según cuenta, se percató de que el animal había desaparecido e iniciaron su búsqueda. Finalmente, después de pedirle a Dios, lo encontraron y pudieron rescatarlo de la quebrada.

Aunque la mayoría de personas acudieron con sus perros, también hubo gatos. Teresa Cóndor, de 77 años, vino desde el sector de El Condado, al norte de la capital, para que su gata Paca fuera bendecida. “No quiero que esta gatita se aparte de mi lado. De arriba le caen las bendiciones. Los animalitos también son parte de Dios”.

Y, precisamente, el sacerdote hizo un paréntesis en su homilía para pedir a los feligreses que cuiden a los animales porque también son criaturas de Dios. (I)

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