La casa de María Astudillo Montesinos se convirtió en museo

- 01 de octubre de 2019 - 00:00
Lucía Astudillo guarda este ejemplar de EL TELÉGRAFO del 10 de enero de 1921, donde salió su abuelo.
Fernando Machado/ ET

La dama cuencana vivió 101 años en este inmueble que después de su deceso, a los 103 años, fue heredado por sus sobrinas Lucía y Gloria. El abuelo de ellas, Remigio Astudillo, colaboró con artículos en EL TELÉGRAFO.

Nunca se casó porque decía que en su época “los hombres mandaban a las mujeres y a mí no me gusta que nadie me mande porque yo nací para ordenar”.

María Astudillo Montesinos fue una señorita cuencana, católica practicante y propietaria de una vivienda que mantiene su memoria intacta, tal y como ella la dejó hasta sus 103 años de vida. Vivió allí desde los dos.

La edificación, ubicada en la Simón Bolívar 6-09 y Hermano Miguel, perteneció a la legendaria filántropa cuencana Florencia Astudillo Valdivieso, quien donó el inmueble a su primo Remigio Astudillo Chica en 1908, para luego pasar a los herederos Astudillo Montesinos.

Cuando la “tía María” fallece, el bien queda en manos de sus sobrinas Lucía y Gloria Astudillo. Las hermanas deciden honrar su memoria restaurando la propiedad y convirtiéndola en una casa museo que funciona desde 2015.

En uno de los portarretratos aparece vestida de azul María Astudillo, la cuencana que vivió en esta casa 101 años.

Más de un elemento ubica a esta vivienda dentro de una singularidad incuestionable. Su energía, por ejemplo. Un pequeño espacio conserva un castillo y un globo en miniatura de la fiesta del “Corpus Christi”, de la que María era colaboradora y aficionada.

El visitante empieza a asimilar que el recorrido apenas ha comenzado y Lucía Astudillo, una de las herederas y coordinadoras de la casa museo, pide cerrar los ojos. Ella guía hasta la habitación y al recuperar la vista todo ha valido la pena.

Los detalles del cuarto de María hoy se conservan intactos. Es como si ella fuese a regresar y esa idea precisamente es la que flota en el ambiente de manera constante.

Su sobrina la recuerda como una artesana hábil que decía que “a las solteronas solo les queda vestir santos”.

Entonces lo puso en práctica y a todas las imágenes que colocó sobre una pared, las vistió con mullos e hilos dorados.

En el dormitorio destacan una lámpara del siglo XIX, un espejo de tres lunas de comienzos del siglo XX y una alfombra tejida por la tía, que cubre casi todo el espacio.

El salón principal, en cambio, brilla con una lámpara de fabricación alemana y una cantidad extraordinaria de fotografías que guardan historias; todas narradas por Lucía.

Los muebles, el papel tapiz, los candeleros, un piano e incluso el piso pintado con las que parecen ser flores de pascua; en medio de una elegancia que incluso inquieta.

Allí también reposan  ejemplares de diario EL TELÉGRAFO, pues Remigio Astudillo, abuelo de Lucía y Gloria, colaboró con este diario. Uno de esos periódicos data del 10 de enero de 1921.

Hoy, el “salón de té” de esta casa museo puede usarse para eventos íntimos, mediante reservaciones al 072842333. El lugar abre sus puertas, de lunes a viernes. (I) 

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