Byron volvió a vivir y ahora es cantante, abogado y motivador

- 23 de septiembre de 2018 - 00:00
Byron García recorre el país con su música. Trabaja ejerciendo su profesión de abogado y da charlas motivacionales.
Foto: Alfredo Piedrahíta / EL TELÉGRAFO

Cuando tenía 3 años su madre emigró a Venezuela y esa ausencia lo marcó en la juventud. Cayó en la delincuencia y tras una balacera con la policía en la que lo dieron por muerto quedó inmóvil.

Son las 10:30 del martes 11 de septiembre. Un hombre jovial saluda desde su silla de ruedas que es empujada por un amigo. El viento sopla fuerte esa mañana y en el “parque chino”, como se le llama en diario EL TELÉGRAFO a un área verde con un estanque donde hay pescados multicolores y también tortugas, Byron García Soto se acomoda para contar su historia de vida y supervivencia.

Unas gafas oscuras cubren sus ojos y, una vez que ya se siente más sereno, se despoja de ellas para iniciar su relato.

Es oriundo de Manta y su niñez estuvo marcada por la música, específicamente por esos pasillos y valses que cantaba su madre, Nancy Soto, quien destacó en programas como “Puerta a la fama” que transmitía el entonces Canal 10.

Como todo buen hijo también se convirtió en su fan número uno. A la edad de 3 años, Byron fue entregado por su madre a unos familiares para que lo cuidaran, pues su situación económica era apremiante y decidió migrar a Venezuela en busca de un mejor futuro para ella y su pequeño.

A la edad de 9 años, Byron y su madre cantaban juntos en reuniones entre artistas. Nancy tenía varios trabajos pero informales y su hijo quedaba al cuidado de una persona a la cual le pagaba.

El hecho de estar alejado de su progenitora por cinco años dejó huellas en su corazón que no sanaron pese al reencuentro. La soledad y la depresión lo marcaron.

Mientras Nancy se ganaba el sustento, Byron acudía al colegio, pero solo lo hizo hasta el tercer año de bachillerato, pues de allí perdió el rumbo y las malas compañías lo influyeron.

“Era un muchacho sin orientación y empecé a desviarme del camino y a involucrarme en delincuencia juvenil”. Atribuye sus equivocadas decisiones a que creció en una familia disfuncional.

Tenía apenas 13 años cuando perdió el control de sus actos y en ese camino turbulento que eligió recorrer “cultivó” enemigos. La Policía le seguía los pasos de cerca. Un día, en un asalto que él y otros chicos llevaban a cabo, tuvo un enfrentamiento armado con los uniformados. Allí recibió siete impactos de bala.

La Policía lo dio por muerto, pero al constatar que tenía signos vitales fue trasladado al hospital de San Cristóbal, ciudad ubicada al suroeste de Venezuela, donde estaba radicado.
En la casa de salud permaneció cuatro meses pues su estado era crítico: perdió un riñón, 12 centímetros de intestino, además una de las balas fracturó su columna vertebral y con ello se lesionó la médula espinal.

A consecuencia de esa lesión Byron perdió la movilidad en las extremidades inferiores. Luego de salir del hospital permaneció un año y ocho meses en prisión.

Un mensaje divino

García cuenta que estando internado una anciana entró a su habitación con esta historia: “pasaba por el pasillo y escuché la voz de Dios que me decía que entrara a esta habitación. Ahí vas a encontrar a un muchacho que está esposado en una cama, dile que tiene otra oportunidad y que yo lo amo”.
Él rememora que estuvo desangrándose y en terapia intensiva, donde su vida pendía solo de un milagro.
“Dios escuchó mis ruegos y aunque no lo merecía -porque mi vida estaba completamente desordenada- me dio otra oportunidad”.

Byron volvió a nacer, pero la noticia que le dieron en el hospital de que no volvería a caminar lo sumió en una profunda depresión que lo llevó varias veces a intentar quitarse la vida.
“Me di cuenta de que estaba recogiendo lo que había sembrado”.

Al salir de prisión, ya en silla de ruedas, volvió a tener problemas en su entorno.

Entonces hizo un análisis y llegó a la conclusión de que ese lugar le hacía daño. En ese momento decidió regresar a Ecuador.

En 1997 vuelve a su patria, pero no a Manta, su ciudad de origen, sino a Guayaquil, donde además terminó el bachillerato que dejó inconcluso en Venezuela. Una vez que culminó sus estudios se radicó en Salinas.

Los días pasaban y él sentía un vacío en su alma, no sabía qué rumbo tomar. Fue en una iglesia de esa ciudad, a la que un día lo invitaron, donde escuchó “la palabra”.

“Escuché frases de amor, no de discriminación y entendí que Dios me amaba siendo yo un pecador”.
Dos meses después de esta experiencia, él decidió entregarle su vida a Jesucristo.

“Empecé a asistir a la iglesia y comenzaron a cambiar todas las cosas en mi vida, porque ya Dios empezó a sanar mi corazón y alma. En mí había mucho resentimiento desde niño producto de la emigración de mi mamá y de que quedara bajo el cuidado de familiares”.

Afirma que con esta nueva vida venció la violencia que había en él y empezó a tener paz y sabiduría para resolver sus problemas.

A la universidad

Graduado como bachiller de físico-matemático, Byron decide tener una carrera profesional e ingresa a la Universidad Estatal de Guayaquil a estudiar Derecho.  Concluyó sus estudios y se graduó de abogado.

Actualmente presta sus servicios en reclamos administrativos, demandas de contravenciones en Defensa al Consumidor y quejas de la Defensoría del Pueblo, todo lo que tiene que ver con lo civil y administrativo.
Pero allí no culmina su historia. El don del canto siempre estuvo presente, pero de los pasillos y valses que cantaba con su madre solo quedó el recuerdo, pues se inclinó por el hip hop, el trap y el reguetón fusionado con ritmos caribeños, con cumbia y merengue.

En su repertorio incluye canciones cristianas, pero con su propio estilo.
Actualmente Byron, cuyo nombre artístico es ese, está promocionado su cuarta producción discográfica, un EP (extended play) titulado Historias de barrio que contiene dos sencillos: “La calle está caliente” y “Plata, plata”.

El primero es una especie de autobiografía. Sus anteriores discos se titularon King of the king, Tiro al blanco y La artillería de Cristo.

García destaca que actualmente los traps siembran en la juventud violencia y pornografía, y “eso me motivó a sacar la contraposición con “La calle está caliente” para que los chicos pongan fin a la violencia que te puede llevar a un hospital, a una cárcel o peor aún a la muerte...”.

Las letras de sus temas -dice Byron- están inspiradas en lo vivido y en las escrituras. “Entiendo el mensaje de Dios, me lo decodifica y hago música para que el joven pueda entenderlo”.
Pese a que tiene 21 años en silla de ruedas su deseo de dar un mensaje de amor y paz también lo ha llevado a convertirse en motivador.

Es invitado con frecuencia a colegios a dar charlas testimoniales para que los adolescentes y jóvenes transiten por el camino del bien.

Musicalmente su inspiración ha sido Vico C y otros cantantes del mismo género.

Con su música ha estado en Venezuela, Perú y Ecuador, pero no descarta salir de gira a otros países.
Byron, de 40 años, ha tenido mucha acogida en sus redes sociales (ByronOficialEc en Facebook, Instagram y Twitter; y Byron baby G en Youtube). (I)

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