Los bloques se fabrican con técnica ancestral

- 31 de marzo de 2018 - 00:00
Luis Rumipuya y su ayudante colocan los bloques de adobe que exihen en la carretera Cuenca - Girón - Pasaje, en la provincia de Azuay. Allí elaboran estos materiales de construcción con técnicas ancestrales.
Foto: Miguel Arévalo / El Tiempo

A orillas de la carretera Cuenca-Girón-Pasaje, en un espacio de tierra de unos siete metros de largo por cuatro de ancho, Luis Rumipuya prepara barro y bloques.

“Mire, las casas han sido frescas cuando hay calor y cálidas cuando hace frío”, asegura Luis Rumipuya mientras toma un par de bloques, uno en cada mano, los alza y los muestra. 

 Hacer cada bloque requiere de un proceso arduo, por eso cada uno, pequeño, custa 50 centavos mientras que los grandes $ 1.        

Para explicar cómo se hace el adobe, Rumipuya se levanta del piso, en donde estaba agachado, toma una pala con una mano y un pico con la otra y camina hacia el extremo del terreno en donde tiene el cernidor: “este es para que la arena se quede sin piedras, solo tierra purita”, comenta. Entierra la pala en un cerro en donde está mezclada la tierra con piedras, saca un poco y nos muestra el proceso.

“¡Mire, sale suave nomás!”, exclama al tiempo que explica que él mismo hizo el cernidor.

Tomó 10 cañas guadúas, las colocó una al lado de la otra, las atravesó con tres palos, uno en la parte superior, otro en el centro y el último abajo y eso le sirve para colar la tierra y así poder trabajar. Una vez que convierte la tierra en arena con esta técnica el siguiente paso es prepararla para hacer el adobe.

Este proceso consiste en echarle agua, batir un poco, hacer un pequeño cerro y luego taparlo con bastante paja y bolsas plásticas negras.

Deja reposar la mezcla por cuatro o cinco días y, cuando le quita el plástico y la paja, se encuentra con barro descompuesto. Expele un olor intenso a tierra mojada. “Así ha estado listo para hacer los bloques”, señala. Toma de nuevo la pala, saca barro, le echa agua y espera que la absorba por unos minutos.

“El siguiente paso es revolver todo el barro”, y para lograrlo entierra sus botas de goma y con todas sus fuerzas, aplasta una y otra vez el barro. Vierte otro poco de agua y pisa por unos cinco minutos.

Una vez que está lista la mezcla, agarra la ‘adobera’, que es un molde hecho por él mismo con madera, que mide 20 cm de ancho por 40 cm de alto, moja sus manos y luego las hunde en barro. Empieza a sobar la parte de adentro del molde hasta que está bien lleno de barro.

Entonces, lo coloca en el suelo de tierra. Toma el barro preparado con la pala y lo echa en el molde. “Verá, este paso es muy importante porque si no le hace el bloque ha de quedar débil y se ha de romper”.  

Entierra, con sus manos, paja en el centro del barro. “Esto se ha de secar y no se ha de romper, son bien resistentes”, asegura. Echa un poco más de barro, levanta el molde y ahí queda el bloque bien hecho. “Este ha sido el proceso”, señala.

Historia
La forma tradicional con la que trabaja Rumipuya y el material son ancestrales.

Historiadores coinciden en que los cañaris y los incas utilizaron el barro para construir sus casas y muchas aún están en pie en sectores que guardan vestigios arqueológicos. La experta en restauración, Lucía Espinoza, explicó durante una entrevista pasada que el uso de este material se ha ubicado dentro de las edificaciones prehispánicas en la mampostería, en el cielo raso y como paredes de soporte. 

En el sistema de construcción de viviendas andinas se usó el barro como el principal material para levantar las casas y también fue empleado en la época de la colonia, fusionándose con los conocimientos que los españoles tenían en esta área.

Usos modernos
De los materiales de construcción derivados del suelo y modificados por el hombre,  un artículo hecho por la Universidad Nacional Autónoma de México reconoce al adobe como uno de los “materiales tecnogénicos”. También destaca cinco puntos a favor como el bajo costo de fabricación, alto ahorro de energía,  fácil integración al ecosistema, emplean materiales y técnicas locales, y fácil reciclamiento de los excedentes de construcción. “Estas características conllevan un enfoque ecológico responsable con la naturaleza representando, además, una alternativa de solución al problema de vivienda mediante la propuesta de una casa autoconstruible de bajo costo”, explica el artículo. Rumiñahuy Mayancela, experto en la cosmovisión andina, ha hecho estudios profundos acerca de los beneficios del adobe como material de construcción.

Él llegó a la conclusión de que además de ser un material usado por sus ancestros es muy fresco cuando hay calor y cálido cuando hay frío, y en este punto coincide con el fabricante de adobe.

Además la tierra es un elemento natural y es preciso que para que exista equilibrio dentro de la familia en la vivienda deben estar todos los elementos como el agua, el fuego, el aire y la tierra, pero sobre todo es una forma de construcción económica y amigable con el ambiente, asegura Mayancela. Rumipuya, quien se define como un artesano, al igual que los académicos considera que el adobe es una alternativa para la construcción. (F)  

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