El 13,5% de 27.721 becarios no concluyó sus estudios

- 29 de abril de 2019 - 20:57

Durante nueve años, Ecuador ha destinado $ 1.100 millones a la entrega de becas de tercer, cuarto y quinto nivel: 10.265 jóvenes estudian en el exterior (37%) y 17.456 dentro del país (63%). Los 3.741 beneficiarios que desertaron y quienes no culminaron la carrera en los plazos establecidos deberán devolver todo el monto recibido, pagar los intereses generados y afrontar las respectivas penalidades, como estipulan cláusulas del contrato.

Desde 2010 hasta enero de 2019, la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt) entregó 27.721 becas. De esa cifra, 3.741 estudiantes desertaron (13,5%) o incumplieron las cláusulas estipuladas. Eso significa que de cada 10 beneficiarios, al menos uno dejó los estudios.

Para Óscar Llerena, becario doctoral y docente, la política de becas permite una democratización de la educación, mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y aumentar el nivel de las universidades. “Cuando naces en circunstancias como la mía, la educación es el único mecanismo de ascenso social”.

Con ello concordó la postulante Diana Maldonado. Indicó que las becas son una obligación del Estado y que, incluso, se debería plantear la creación de carreras de posgrado en universidades públicas, para fortalecer la educación nacional.

Para la estudiante de Relaciones Públicas Maribel Recalde, este tipo de becas permiten que los jóvenes sigan la carrera de sus sueños.

Sin embargo, pocos son los jóvenes que conocen que pueden acceder a becas otorgadas por la Senescyt para estudiar en universidades privadas dentro del país. Ese fue el caso de Maribel Recalde y Dayana Granda.

Recalde no obtuvo un puntaje alto, pero su condición de migrante retornada le ayudó a estudiar en la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE). El Estado invierte en ella $ 2.500 semestrales por el lapso de 9 períodos.

“Para quienes no tenemos recursos para pagar una universidad privada, (la beca) es una ayuda grande”.

En Dayana, el Estado desembolsa $ 3.000 por cada semestre: debe cumplir nueve y ya está en su penúltimo período. Ella no conocía sobre las becas por vulnerabilidad, pero un correo de la Senescyt le informó que había ganado una beca al 100%. Gracias a ello pudo seguir la carrera y en la universidad que quería, sin que su familia hiciera un crédito.

Según Magaly Ramos, subsecretaria de Fortalecimiento del Conocimiento de la Senescyt, las ayudas económicas no solo fueron entregadas a aquellos que obtuvieron un puntaje alto, sino que también hubo becas inclusivas.

En el caso de estas últimas, el Estado priorizó la vulnerabilidad. Un ejemplo es el programa que ofreció el 8 de marzo pasado el presidente Lenín Moreno, para ayudar y apoyar a las mujeres víctimas de violencia de género.

Ramos detalló que, de acuerdo a las estadísticas de la Senescyt, aquellos jóvenes becados por recibir el Bono de Desarrollo Humano están en el grupo con menor número de incumplidos. “Vemos que la beca permite a la gente vulnerable socioeconómica sostenerse en la universidad”.

Rubros destinados, condiciones a cumplir y problemas por pulir

La inversión que ha realizado hace 9 años el Estado para que jóvenes continúen sus estudios a través de becas asciende a $ 1.119’312.971. De ese monto, $ 829’981.449 se  destinó para que 10.265 personas estudien en el exterior.

En cambio, a las 17.465 becas nacionales se destinó la suma de $ 289’331.523. Además, 106 personas aplicaron al programa para desarrollo del trabajo de titulación, a lo cual se asignó $ 374.611, desde 2012 hasta 2017.

Para la beca doctoral de Óscar Llerena, el Estado desembolsó $ 100.000. Él deberá concluir sus estudios en diciembre de 2019, caso contrario tendría que devolver el rubro en el plazo de un mes, así como los intereses y las penalidades. “Me parece que eso está bien porque es dinero público”.

Entre las cláusulas que debe cumplir está el devengar la beca aportando con sus conocimientos a universidades ecuatorianas. El profesor se mostró conforme y explicó: “Si te dan dinero desde un país con pocos recursos, que históricamente los ha usado mal, me parece bien que nosotros retribuyamos”.

Sin embargo, según Llerena, la principal molestia en torno al proceso de becas nació desde la burocracia. En su caso hubo pérdida de papeles y mala o nula información.

Es por ello que pidió que las instituciones del Estado mantengan acuerdos que disminuyan el papeleo. “Cada vez que necesito hacer un trámite en Senescyt, son 6 o 7 meses que tardan”.

Algo similar ocurrió con Granda. Afirmó que las universidades no se interesan en  conocer las cláusulas de la Senescyt y ello los afecta porque deben pagar algunos cursos que su beca no cubre.

La falta de comunicación incluso entre funcionarios de la Secretaría ha provocado pérdidas de becas, como el caso de la postulante Diana Maldonado, para sus estudios de maestría y doctorado.

Contó que un funcionario le aseguró que podía abandonar la beca de posgrado y automáticamente obtener la beca del programa 1-2-3 para doctorado. Pero, al volver al país, otro funcionarío le dijo  que no existía tal posibilidad.

Recalde, por su parte, pidió aumentar el presupuesto para los jóvenes en condición de vulnerabilidad.

Se evaluará la política de becas para conocer los resultados

La subsecretaria de Fortalecimiento del Conocimiento de la Senescyt, Magaly Ramos, indicó que se evaluará la política de becas, para saber cuál ha sido el impacto real.

Dijo que el Gobierno continuará fortaleciendo la educación superior, pero “hay que dar un poco de oídos a los grupos que critican el diseño de esta política y cómo se pensó la empleabilidad”.

Explicó que en este 2019, el tema becas tendrá como enfoque fortalecer los posgrados dentro del país.

En ello concordó Maldonado, quien, como directora de Carrera en Terapia Física de la Universidad Central, lleva adelante la creación de maestrías en esa rama: actualmente no hay en el país posgrado al respecto. (I)

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