Barrio El Vado preserva oficios tradicionales desde el año 1557

- 08 de diciembre de 2019 - 00:00
Juan Tenesaca, en su local ubicado en el barrio El Vado, trabaja casi todos los días. Fue uno de los primeros peluqueros que se instaló en este sitio de la ciudad.
Fernando Machado/ ET

Cinco viviendas declaradas patrimoniales son el “adorno” del lugar. Los artesanos que laboran piezas en cobre, viejos peluqueros como Juan Tenesaca y las personas que arreglan sombreros de paja toquilla son sus emblemas.

El Vado es el barrio más antiguo de Cuenca. Dentro del mismo está la calle La Condamine, llena de artesanías, historias y viviendas de antaño que fueron recuperadas en el último lustro por la Municipalidad azuaya.

Hablar de este sector es remontarse al año 1557, el mismo año de la fundación de Cuenca.

En ese entonces los conquistadores españoles, al llegar a la llanura llamada Paucarbamba, ahora Cuenca, plantaron una cruz y desde allí se constituyó en el primer barrio de la ciudad.

La cruz se ha convertido en un emblema para sus habitantes. Cada 2 de mayo se realiza la tradicional fiesta en homenaje a este símbolo religioso.

Décadas atrás, este sitio fue considerado peligroso. El alcoholismo y la delincuencia fueron aspectos que desprestigiaron a El Vado.

Pero tras la regeneración, el barrio tomó un rumbo diferente y hoy se ha convertido en uno de los sitios recomendados por agencias de turismo, como también por las autoridades de la ciudad.

La calle La Condamine cruza este sector de la ciudad y a lo largo se han instalado ventas de artesanías, como la de Juan Gutiérrez Durán, que trabaja en cobre, hojalata y bronce desde 1983.

Su padre David (+) trabajó en este sitio durante 60 años.

Varios elementos sobre la base de cobre son elaborados por Gutiérrez. Sus clientes, en su mayoría, son turistas nacionales y extranjeros.

Juan Gutiérrez, propietario de la tienda La Forja, señala que si bien el negocio ha decaído, siempre existen personas que gustan de estos accesorios y utensilios como: campanas, incensarios, floreros, cantarillas, comederos, alambiques, pailas y esculturas, muchos de ellos son elaborados con cobre.

Unos metros más adelante se encuentra uno de los peluqueros que más tiempo ha vivido en este barrio.

Se trata de Juan Tenesaca, que aún mantiene su vieja peluquería con dos asientos que datan de la misma época que cuando él instaló el taller, hace cuatro décadas.

“A este lugar han llegado personalidades de la ciudad, catedráticos de Cuenca y por supuesto los vecinos del barrio”, dice el artesano que espera a sus clientes para hacerles un corte moderno o de antaño.

Las bancas, donde se ubica el cliente para un corte de pelo o un arreglo de la barba, conserva los viejos elementos para afilar las navajas y rasurar a sus clientes.

“Me los quieren comprar, pero les digo que estos muebles no tienen precio”, indica, mientras que por la pequeña y estrecha calle decenas de turistas observan con curiosidad esta vieja barbería.

“Algunos de ellos incluso entran a cortarse el cabello”, señala Tenesaca.

Caminando por el mismo sitio se encuentra el taller de Édgar Marín, también visitado por personas que transitan por este espacio.

“Este es el lugar más llamativo de la ciudad. Sus viejas viviendas, como también sus artesanos no han dejado que muera este sitio”, indica.

Dice que todo lo que se ha hecho ha permitido que el entorno cambie y señala también que sus pinturas son parte del convivir diario de los habitantes.

Pocos metros más adelante se encuentra Oswaldo Morocho, un artesano que construye y arregla instrumentos musicales, como: guitarras, charangos, elementos de percusión y de viento.

“Esta calle a más de tener grandes artesanos posee una vista hermosa de toda la parte baja de la ciudad. Es pequeño el espacio, pero hay una variedad de cosas para mirar y comprar”, dijo.

Hernán Alvarado, vicepresidente del barrio, dice que las casas del sector guardan grandes historias.

Son cinco viviendas patrimoniales las que se levantan en el sitio y fueron adquiridas por la Municipalidad.

“Las casas fueron compradas con el propósito de limpiar el barrio”, indica.

Precisa que las viviendas con historia son: la Casa de la Lira convertida en un lugar de cultura; la Casa Café, la Casa Donoso, la Casa Márquez (que tiene un palomar en la parte alta) y la Casa Rodríguez, que aparenta ser pequeña en el ingreso, pero se va abriendo poco a poco en su interior. (I)   

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