Hábiles manos pauteñas dan forma al carrizo

- 16 de febrero de 2019 - 00:00
Nicole Torres / Para EL TELÉGRAFO

La confección de canastas ha ido pasando de generación en generación. En el sector de Virgenpamba, provincia del Azuay, están varias de sus artesanas.

El carrizo se ha convertido en materia prima para la elaboración de canastas en el cantón Paute, provincia del Azuay.

Sus artesanas trabajan diariamente y el producto es sacado al mercado de la ciudad de Cuenca.

“Tenemos las manos duras. Lo que corta no es el cuchillo sino el carrizo”, menciona Rosa Saguay. La mujer tiene 83 años y 71 de ellos los ha dedicado a tejer con carrizo. Su tío le enseñó a la edad de 12 años.

A su lado está Rita Quezada, su nuera, quien teje una panera. Ella comenta que quien le enseñó este arte hace aproximadamente 10 años fue la señora Rosa Saguay. “Aprendí por necesidad, yo les veía a ellos tejer y les pedí que me enseñaran”, recuerda.

El sitio de trabajo está ubicado en el sector de las escalinatas de Virgenpamba, (Paute), allí ellas elaboran canastas de diferentes tipos como: la panera o navideña, redonda, tina y florero. Se tardan aproximadamente una hora en elaborar una canasta, pero antes se debe “llacar” (pelar) el carrizo y rajarlo para hacerlo hebras. Posteriormente se empieza con el tejido de la canasta.

“Se realiza una cruz con cuatro tiras de carrizo para formar el parante, una especie de cimiento que es el sostén de la canasta”, indican. Luego se elabora la plantilla, es decir la base.

Como tercer paso se confecciona la copa, dándole la forma ovalada de una canasta tradicional, se teje hebra por hebra y se le va añadiendo. Para terminar se teje el “guato”, es decir, la jaladera de la canasta.

Al final de las escalinatas de Virgenpamba se encuentra la casa de Rosa Segarra, la cual está llena de canastas de distintos tamaños. Ella expresa que se ha dedicado a hacer este tipo de artesanías desde que tiene memoria; fue un oficio que aprendió de sus padres, quienes dedicaron toda su vida a este trabajo.

“Mis papás eran canasteros”, añade. A sus 58 años elabora muchas canastas diariamente, pero dice que su trabajo se ha reducido ya que le diagnosticaron artritis reumatoide (enfermedad inflamatoria crónica que afecta a muchas articulaciones, incluidas las manos y los pies), debido a sus años de trabajo.

Estas familias pauteñas venden sus productos a comerciantes de la plaza Rotary, en la ciudad de Cuenca. Rita señala que venden las canastas por docenas, le pagan ocho dólares por docena y si es una buena época, hasta en $ 15 las vende. En la plaza cuencana una panera se comercializa a tres dólares.

Segarra comenta que para poder viajar a la capital azuaya necesita ir con una buena cantidad de canastas ya que la carrera en camioneta le cuesta $ 20, que no podría pagar si no vendiera lo suficiente. Quezada asegura que su trabajo no es adecuadamente valorado, “aunque sea nos sirve para comprar una funda de leche”, añade.

Por este motivo ha tenido que buscar otras formas de ganarse la vida. En los últimos tres años ha estudiado medicina ancestral y ya cuenta con su propio espacio de trabajo en su hogar, donde los clientes llegan y son atendidos por ella.

El carrizo es una especie de caña que se da en los lugares húmedos como las quebradas y ríos. Tiene diferentes usos, uno de ellos es la fabricación de artesanías, e inclusive se la utiliza para la realización de juegos pirotécnicos. Quezada explica que el carrizo se da todo el año en Paute. (I) et

Rita Quezada trabaja tejiendo canastas desde hace mucho tiempo. Sus dedos están curtidos por los cortes del carrizo. Para ella lo más importante es tener una fuente de trabajo y así poder alimentar a su familia.

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