La "cultura" de ingesta de alcohol puso al país entre los más bebedores

- 11 de diciembre de 2018 - 00:00

Las edades de mayor incidencia están entre 19 y 24 años, le siguen el grupo de 25 a 34. La Organización Mundial de la Salud ubicó a Ecuador en el noveno puesto en América Latina. El problema, según especialistas, es la normalización.

José, de 65 años, empezó a beber alcohol a los 18. Él ha trabajado en el área de la construcción desde su adolescencia.

Los problemas económicos  y familiares -cuenta- fueron un detonante para su adicción. Él, tras el abandono de su padre, se convirtió en cabeza de familia. 

El consumo de licor -comenta- le servía para olvidar las necesidades del hogar. “Luego no pude parar”.

Lucrecia, su madre, revela que la edad adulta de José fue la más complicada, puesto que no llegaba a casa por semanas y ella tenía que ir a retirarlo de cantinas o bares de mala reputación.

“Nunca olvidaré -recuerda  Lucrecia- que un día iba a misa, a las 06:00, y encontré a mi hijo, quien había desaparecido por un mes. Él estaba dormido en la calle con otros alcohólicos, en el Centro de Quito. Se me partió el corazón”.

Tras ese hallazgo, Lucrecia  ingresó a José a un centro de rehabilitación, del cual se escapó. Él pasó años en la misma condición. Finalmente, de manera voluntaria, decidió recuperarse y cambiar de vida.

José está sobrio hace 10 años. Ahora cuida una finca, en Ibarra, alejado del centro urbano. Prefiere estar apartado de cualquier “tentación”.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 900.000 ecuatorianos consumen bebidas alcohólicas: el 89% son hombres y el 10% mujeres. El 41% lo hace semanalmente. 

Los jóvenes de entre 19 y 24 años lo ingieren de manera mayoritaria. Le siguen los adultos de hasta 34 años. En el país, la edad promedio en la que se inician es de 12 años.

De acuerdo con los centros de rehabilitación consultados, en el último lustro cambió a nueve la edad promedio de adictos.

Ecuador ha llegado a estar en los últimos años en el top ten de países con mayor cantidad de consumidores, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El país está en el noveno lugar en América Latina: 7,2 litros de alcohol per cápita  cada año (promedio por habitante). Lo superan Chile (9,6), Argentina (9,3), Venezuela (8,9), Paraguay (8,8), Brasil (8,7), Perú (8,1), Panamá (8) y Uruguay (7,6).

 El organismo internacional cuantifica que el exceso ocasiona la muerte temprana de jóvenes de entre 20 y 30 años, es el 25% de la población mundial.

Para el psicólogo clínico, Gonzalo Rodríguez, este tipo de adicción es un tema cultural y ha estado presente desde tiempos antiguos.

Pero asegura que el verdadero conflicto está en haber “normalizado” el exceso. “En la sociedad se encuentra validada la extralimitación”.

Incursión en la adolescencia
Carlos, de 17 años, asiste a terapias hace cinco meses. Era adicto a las drogas y el licor.

Es un joven de holgada posibilidad económica, sin embargo es dependiente desde los 14 años.

La ausencia de sus padres -argumenta- lo obligó a buscar compañía. “Al principio mis amigos llenaron ese vacío, pero luego me fui quedando solo. No iba a la casa por días, no terminé  mis estudios y me hundía más”. 

El psicólogo clínico aclara que si un joven toma bebidas  alcohólicas no se convierte automáticamente en un futuro dependiente. Aunque el descontrol lo puede transformar en un hábito. “En la vida adulta se manifiesta de forma marcada el alcoholismo”.

El especialista aconseja a los parientes que hablen con sus allegados para que los adolescentes sean atendidos a tiempo.

La OMS en su último estudio sobre el consumo de esta droga indica que a nivel mundial 155 millones de  jóvenes, entre los 15 y 19 años, son bebedores.

Para Miriam Maldonado, directora del Centro de Adicciones Dando una Mano (Cadum), las cifras actuales de ingesta son muy elevadas.

Aunque entre los años 1998 y 1999 se presentaron valores más altos, de acuerdo con el INEC.

Entonces, se cuatriplicó la ingesta en comparación con 2014. Justo en ese mismo año, Galápagos fue la provincia con más compradores (12% de población de 12 años en adelante) y Bolívar tuvo menor incidencia (3,9%) en el mismo grupo etario.

Uno de los problemas más graves -agrega- es el cultural, puesto que las familias tardan mucho en aceptar que alguien de sus miembros tiene problemas de alcohol.

“A esto llamamos normalización del consumo. Solo piden ayuda cuando la situación se les escapa de las manos y ven la realidad que atraviesa su pariente”. 

Cadum, al año, recibe un promedio de 30 personas con diversos tipos de adicciones.  Hoy el centro asiste a ocho ciudadanos con problemas de bebida.

Políticas públicas de prevención
El Ministerio de Salud Pública (MSP) cuenta con 743 establecimientos del primer nivel de atención para salud mental (52 de ellos son ambulatorios).

La entidad precisa que trabaja con expertos en campañas de prevención  y desarrollan protocolos de atención  comunitario–familiar.

El próximo año -adelanta la entidad- se fortalecerán estrategias comunitarias mediante las diversas acciones, como Médico del Barrio, para  brindar mayor acceso a los centros ambulatorios. (I)

Antecedentes

Tendencia

Los habitantes de América ubican al continente en la segunda posición de consumo más alto per cápita de licor. La Organización Mundial de Salud (OMS) señala que la región solo está superada por Europa. 

8 por ciento de las personas que adquieren trago son mestizos, 9,7% afroecuatorianos y 4,5% indígenas. 

Hábitos

La tienda del barrio se constituye en el lugar donde más se adquiere el producto: 61,6% de los casos.

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