El turismo temático rural es una actividad que poco a poco va ganando espacio en varias poblaciones del país. Ello queda evidenciado con el surgimiento de hosterías que a más de ofrecer espacios de descanso y distracción para los visitantes, les dan la oportunidad de que aprendan sobre el hábitat que rodea a esas instalaciones.
En la parroquia Antonio Sotomayor, del cantón Vinces, provincia de Los Ríos, existe un sitio paradisiaco llamado “Parque del Señor de los Caballos”, que se erige entre las plantaciones de cacao, banano y teca. Está cerca del río que lleva el mismo nombre de la población y rodeado de varios canales fluviales.
El lugar se encuentra a aproximadamente una hora y media de Guayaquil si es que se viaja en un carro particular y a dos horas y media si se toma un bus interprovincial. Para llegar existen dos vías en perfecto estado: una por Daule y la otra por Babahoyo.
En esta hostería, levantada en la hacienda “Don Antonio”, con más de un siglo de historia, quienes se hospedan pueden aprender sobre todos los procesos para la obtención del cacao, del banano y la teca.
Esta zona, allá por el año 1800, ganó fama por la calidad de su ‘pepa de oro’, pues hace dos siglos el cacao de Vinces era considerado como el mejor del mundo y la población se benefició económicamente por la venta del producto, a tal punto que los hacendados adoptaron las mismas costumbres y gustos que los franceses. De ahí nació entonces el nombre de “París Chiquito”, como se conoce también a Vinces.
Los atractivos naturales y culturales
Desde el mismo momento en que se ingresa al parque ya se observa, se “huele” y se “escucha” a la naturaleza en todo su esplendor. Lo primero que llama la atención son las hileras de árboles a los costados de la vía de acceso: una de cacao y otra de banano.
Casi en la misma puerta, una frondosa enredadera de maracuyá da la bienvenida a los turistas. El trinar y el vuelo permanente de especies endémicas como el clanclón, el garrapatero gigante, las garzas (la blanca y la gris), los carpinteros, las gallaretas (la roja y la azul), los patillos, las marías, el carrao, entre otros, son el ruido común en la zona.
En el parque se construyó, en homenaje a los clanclones, una laguna donde estas aves suelen refugiarse. Al sitio se llega en bicicleta, y por un sendero para andar a caballo se accede a los sembríos de plantas medicinales como llantén, sábila, orégano, mastrante, entre otros, que se usan en el spa.
De cada uno de estos atractivos, los turistas reciben abundante información y enseñanzas, por eso el lema del establecimiento es: “Una aventura para aprender”.
Los administradores contaron que levantar la hostería tardó cerca de 3 años y tuvo un costo aproximado de $ 1’500.000, pagado con un crédito de la Corporación Financiera Nacional.
Ya en lo cultural, la hostería “El Señor de los Caballos” organiza los fines de semana rodeos montubios, concursos de cintas y competencias de ordeño de vacas.
Además, un coplero de la zona se encarga de recitar amorfinos y cantos populares. El hotel cuenta con 28 habitaciones y el costo del hospedaje oscila entre los 90 y 130 dólares, dependiendo del paquete.
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