Siete payasos, ataviados con zapatos Converse rojos, naranja y amarillos, interpretaron una obra sin palabras.
Las acciones, que denotaban situaciones de discrimen por ubicación geográfica, malentendidos y humor físico, se presentaron por primera vez en la calle Numa Pompilio Llona, en el cerro Santa Ana de Guayaquil.
El teatro clown tiene su base en la comedia y la interpretación. En esta obra, las payasas llegaron a interactuar con los conductores que cruzaban por esa calle empedrada.
La obra exhibida ayer, colaboración creativa entre el presidente de Payasos Sin Fronteras, Tim Cunningham, y seis payasos de la Fundación Narices Rojas de Ecuador, forma parte de una gira de presentaciones gratuitas que buscan establecer una relación entre los actores y las personas que viven en la frontera.
Ellos guardaron sus paraguas, zancos y demás herramientas de la presentación, para dirigirse en una Van a San Lorenzo, donde dictarán un taller y darán funciones para la población refugiada, trabajo que replicarán en Tulcán. Esta labor cuenta con el apoyo de la Unión Europea, el Acnur y el Comité Permanente por los DD.HH.
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