El Ministerio de Educación (ME) tiene previsto declarar, en los siguientes meses, a 502 establecimientos fiscales como planteles del Buen Vivir, lo cual representa solo el 2,3% de los casi 21 mil centros de enseñanza que existen en todo el país.
Para alcanzar esta distinción, las unidades educativas deben optimizar gestiones en lo físico, pedagógico y académico mediante prácticas que involucren a docentes, padres de familia y estudiantes.
El ME impulsa talleres en donde se capacita a profesores para que, a su vez, informen a los alumnos sobre normas de convivencia y manejo de emergencias o conflictos.
Las autoridades educativas han manifestado su preocupación de que aún sean pocos los planteles involucrados en el proceso.
La subsecretaria distrital de Educación de Guayaquil, Mónica Franco, manifestó que falta “una mayor proactividad de los docentes para realizar gestiones en favor de su comunidad”. “Se necesita que los maestros estén convencidos de las prácticas diarias y cotidianas del Buen Vivir”, señaló Franco.
En el mejor de los casos, refirieron varios catedráticos, debe existir una buena interrelación entre los miembros de una comunidad educativa.
“Sin embargo, en muchos planteles hay conflictos entre docentes y padres de familia que buscan imponer cada uno su voluntad”, afirmó Nancy Andrade, directora del jardín fiscal Sandro Pertini.
En este establecimiento, donde se educan 270 niños, las maestras estimulan tanto a estudiantes como padres de familia para que colaboren con la limpieza del plantel.
“Además, desde mucho antes de la implantación de la nueva jornada de 8 horas aquí se trabajaba hasta las 14:00 para cuidar cada detalle de nuestra institución”, dijo Andrade.
En el colegio Vicente Rocafuerte también se diseña una estrategia que permita alcanzar una armonía entre las partes de la comunidad educativa y la institución.
Carmen López, rectora del plantel, comentó que se conformaron brigadas de padres de familia que participan en el control y monitoreo de las instalaciones.
Sin embargo, apenas son 200 representantes en un establecimiento de casi 7.000 estudiantes “los que realmente están involucrados con el colegio”, afirmó la rectora.El buen mantenimiento de las instalaciones, reconoció López, es una tarea difícil.
En las escaleras se pueden observar manchas y grafitis con frases obscenas. Y agrega que “toca luchar muchísimo en la cultura de los estudiantes para que sientan ese amor y respeto por su institución”.
La falta de colaboración estudiantil, según Cecilia Gómez, directora de la escuela Enrique Grau, obedece también a la deficiente formación de valores en los hogares.
“Los padres son los primeros educadores de sus hijos y se requiere su total colaboración con el plantel”, manifestó Gómez. La pedagoga afirmó que solo el 85% de los padres de familia apoya en la gestión educativa, por lo que sugirió una “sincronización de esfuerzos”.
Las autoridades del ME indicaron que además de mejorar el ambiente en las unidades fiscales, también se debe poner atención a la escuela para padres, educación para la salud y gobiernos estudiantiles.
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