Lo que preocupa al sociólogo Jorge Salomón y a Jorge Chalén, vecinos del parque Samanes, es el empleo, -registrado en fotografías- de Glifosato compuesto por 2,4 D, una sustancia que ha levantado polémica, con estudios científicos y demandas en Argentina.
A inicios de 2009, la Asociación de Abogados Ambientalistas (Aadeea) solicitó a la Corte Suprema de Justicia de este país que “Se ordene la suspensión de la comercialización, venta y aplicación de glifosato y endosulfan –agrotóxicos básicos de la industria sojera– en todo el territorio nacional”.
Presentaron este reclamo después de que el periódico Página 12 difundiera un estudio del Laboratorio de Embriología Molecular del Conicet de la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Medicina) en el que se comprobó que “dosis muy inferiores a las utilizadas en agricultura provocan trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales”.
El producto se vendía en Argentina bajo el nombre comercial de Rounduo y era distribuido por la multinacional Monsanto.
Por peticiones ciudadanas, se ha prohibido su uso en Tenerife (España).
Sus posibles efectos cancerígenos se siguen discutiendo.
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