Zaruma desentierra su pasado colonial judío

- 02 de septiembre de 2018 - 00:00
Foto: Néstor Espinosa / El Telégrafo

A través del estudio de los árboles genealógicos de familias zarumeñas, Fabricio Toledo documenta la historia no contada de la parte alta de la provincia de El Oro. Otro tema que llama la atención de este genealogista es el relacionado con los libros de inscripción de los hijos ilegítimos.

Fabricio Toledo considera que no existen coincidencias. Cree que todo tiene una razón de ser, que incluso esos encuentros fortuitos entre desconocidos ocurren por una razón.

Mientras se toma un mojito, a menos de cuatro pasos de la iglesia matriz de Zaruma, pregunta el lugar de nacimiento del desconocido del grupo que departe junto con él, los otros son sus amigos de toda la vida.

La respuesta no lo convence y repregunta si el origen de la familia es zarumeño, con la respuesta afirmativa, le pide el nombre de un antepasado y enseguida exclama: ¡Yo tengo el árbol genealógico de tu familia! Pese a la hora (20:00), no tiene pereza caminar varias cuadras hasta la Casa de la Cultura de la ciudad para probar su afirmación, que resulta correcta.

Precisamente, una inquietud de niño por conocer su origen, un origen con nombres y apellidos, como él destaca, lo llevó a convertirse en el genealogista de la parte alta de El Oro, zona que ahora está integrada por seis cantones, pero que hasta antes de 1940 eran todos parte de Zaruma.

Toledo tiene 54 años y de ellos más de 40 los ha dedicado a rebuscar datos extraños, diferentes o no contados entre documentos históricos de archivos de su ciudad natal o de otras como Loja, Cuenca, Quito e incluso Guayaquil, pero que tengan relación con las familias de origen zarumeño. Se graduó de mercadotecnista en el Puerto Principal, pero de esa carrera solo le queda el título, porque su práctica profesional es la de un paleografista.

Su esfuerzo por contar otra historia de Zaruma lo empezó con sus abuelas, a las únicas que conoció, pues sus abuelos fallecieron antes de que él naciera. Entrevistó a los hermanos de sus abuelos e incluso a algunos primos menores de sus bisabuelos. Y descubrió que en Zaruma y sus alrededores las familias se iban abriendo, se ampliaban, pero luego de un tiempo volvían a los mismos orígenes. Se casaban entre parientes.

Toledo afirma que en la zona había una endogamia bastante complicada. Dentro de esa endogamia encontró que sus orígenes eran sefardíes (judíos de España). Entonces le surgió otra obsesión: descubrir de dónde vienen las familias más antiguas de esa Zaruma hispana.

Hoy Fabricio Toledo, quien además es el presidente de la Casa de la Cultura de Zaruma, está convencido de que gran parte de las familias zarumeñas tiene raíz sefardita. Lo prueba con los árboles genealógicos de los Aguilar, los Román, los Espinosa, los Toledo, los Sánchez, los Castillo, los Toro, los Alvarado, los Romero y de tantos más, que al estudiar a sus ancestros se llega a nombres como Betsabeth, Adán, Isaías, Serafín o Jacobo, nombres característicos de la comunidad judía. Lo hace también con palabras propias de la zona que aún no desaparecen víctimas de la modernidad como jaca, cema, aviarte y que eran parte del ladino, la lengua de los sefarditas.

Toledo explica que los judíos se aislaron en comunidades cerradas y la endogamia era su única forma de mantener la identidad, pues debido a la importancia de Zaruma en el Virreinato de Perú, por su riqueza en oro y plata, les era imposible practicar sus ritos religiosos, ya que la influencia y poder de la Iglesia católica eran absolutos.

Toledo cuenta que incluso hasta hoy hay familias que no quieren ser asociadas con el judaísmo, aunque también están aquellos que, como él recalca, pese a que unas 15 generaciones han sufrido la imposición del catolicismo no están dispuestas a renunciar a 300 generaciones judías anteriores. Resalta, en este sentido, el caso de la familia Alvarado, que hoy reside en la parroquia lojana de San Pedro de la Bendita, que ha hecho la investigación completa de su origen y fue aceptada por la comunidad Sefardita.

En sus investigaciones, Toledo ha encontrado que la familia Sánchez tejió una red para ubicar a gente relacionada en cargos importantes en todo el territorio de lo que entonces era la Real Audiencia de Quito, cree que en ese esfuerzo incluso lograron el nombramiento como presidente de la Real Audiencia, 1744, de Fernando Sánchez de Orellana, hijo del Marqués de Solanda, el primer Presidente nacido en territorio de la Real Audiencia, los anteriores eran españoles. Se convirtió así la familia Sánchez en la más poderosa de la época.

Otra investigación que mantiene ocupado a Toledo en estos días es la relacionada con los hijos ilegítimos, esos niños que nacían de relaciones no aprobadas, de relaciones momentáneas o incluso de traiciones y que la Iglesia católica los registraba en libros diferentes, libros que escondía mejor que fortuna mal habida.

Este tema es fascinante, dice Toledo e inmediatamente cuenta que sucedían casos que cuando la mujer -pese a estar casada- quedaba embarazada del cuñado y aunque debía inscribir al hijo como legítimo del esposo, en un momento de arrepentimiento se lo confesaba al cura y este lo inscribía en un libro especial. Esto se daba para evitar matrimonios entre hermanos, pues entre primos era totalmente aceptado.

Sobre el viejo escritorio de madera de su oficina, en una antigua casa republicana de la calle 9 de Octubre, donde funciona la Casa de la Cultura de Zaruma, Fabricio Toledo tiene la copia de un libro de aquellos hijos ilegítimos, sacado de los archivos secretos de la Iglesia Matriz, que en estos días se encuentra en renovación.
Páginas y páginas con nombres y apellidos de personajes conocidos y de otros no tanto de la antigua sociedad zarumeña. (I) 

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