Ingenio y tesón son pilares del turismo en San Vicente

- 04 de junio de 2018 - 00:00
El alojamiento en carpas busca precautelar la seguridad del huésped, a la par que lo conecta de forma más directa con el entorno playero.
Foto: Carlos Novoa / EL TELÉGRAFO

Hoteles y comedores de este cantón manabita innovaron significativamente sus servicios a fin de garantizar la seguridad y satisfacción de sus clientes.

Dieciséis de abril de 2016, una fecha que modificó significativamente la historia, geografía y realidad de Manabí. A las 18:58 de ese día un terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter devastó  varias ciudades, tales como Pedernales, Portoviejo, Manta y El Carmen, entre otras.

Mientras en esta primera urbe se localizó el epicentro, en parroquias como Canoa, del cantón San Vicente, el sismo destruyó viviendas, comedores, hoteles y más emprendimientos.

A 2 años y 47 días del potente remezón que enlutó a más de 600 familias, el panorama de desolación en esta pequeña pero acogedora localidad manabita, una de las más perjudicadas, se ha transformado positivamente gracias al tesón, ingenio y espíritu emprendedor de todos sus habitantes.

Innovación en el servicio de alojamiento
Varios establecimientos que fueron dañados considerablemente hoy están en pie, y lejos de mermar la calidad de los bienes y servicios que brindan se han fortalecido y contribuyen al desarrollo turístico de San Vicente.

Uno de ellos es el Restaurante y Hotel Bambú Canoa, ubicado en la playa homónima. El holandés Jost Birnie, dueño, cuenta que algunas de las cabañas para alojamiento cayeron durante el terremoto.

“Cada habitación está hecha de bambú, y si bien su estructura es sólida la fuerza del sismo las estropeó. Cuatro meses luego del remezón, tiempo en que el personal del hotel y mi persona colaboramos en rescate y atención de heridos y limpieza de escombros, Bambú reabrió pero con una modificación en el servicio de hospedaje, la cual brinda seguridad sin restar confort”, dijo Birnie.

La innovación a la que el holandés se refiere es a la incorporación de carpas en las que los turistas pueden descansar, leer, dormir e interactuar de forma segura.

“El hotel fue abierto en 1991, no obstante la reapertura tras el sismo se hizo a finales de agosto de 2016. Hasta esta última fecha aún se sentían en Canoa pequeñas réplicas, por lo que Jost optó por habilitar amplias tiendas de campaña en los predios a fin de reducir el riesgo de desplome de estructuras en caso de nuevos sismos”, explicó Édison Paz, guía y auxiliar del hotel.

Cada carpa está equipada con una cama, toldo, sistema eléctrico y de iluminación, guardarropa, silla, hamaca externa y sobre todo un ventilador para mantener  el ambiente fresco y libre de humedad.

Adicionalmente sobre cada uno de estos habitáculos móviles se ha adecuado una estructura de bambú, cuyo techo está elaborado con fibras vegetales de palmeras, a fin de mantener el lugar fresco e impermeabilizado.

Si bien este renovado servicio ha ganado popularidad en los últimos 2 años y ha servido de inspiración a otras empresas que también lo han incorporado, Bambú ofrece hospedaje en cabañas tradicionales. El costo por utilización de cada cabaña es de $ 25, y $ 12, $ 50 el alojamiento en las carpas.

El establecimiento ofrece además un multidiverso menú de platillos típicos de Manabí,  tales como ceviches, corviches, viches y más especialidades con mariscos.

Un rincón gastronómico
A 17 kilómetros de allí, en el centro del cantón San Vicente, otro innovador emprendimiento se potenció tras el terremoto.

Apenas 19 días luego del 16 de abril de 2016, Cafetería y Cafetería D’Toñito abrió sus puertas, convirtiéndose en un rincón destacado del arte culinario manabita, y punto de encuentro.

“Si bien para todos los vecinos el remezón representó una pausa a sus actividades cotidianas y planes a futuro, mi negocio despegó gracias a que fue planificado varios años atrás. Desde la inauguración la sazón de nuestros expertos cocineros cautivó el paladar de propios y foráneos”, dijo Francisco Solórzano, dueño de la cafetería.

Aunque la vivienda donde funciona D’Toñito, muy cerca de la playa, ya estaba edificada antes del sismo, con la experiencia vivida Francisco reforzó las medidas de estabilidad estructural y de seguridad dentro y fuera del local.

Allí se puede degustar tigrillo, la especialidad de la casa, seco de carne, bolones de verde con diferentes rellenos, el sabroso pan de yuca, estofados y una gran variedad de dulces y postres tradicionales, a $ 2 y $ 3. (I)  

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