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El Telégrafo
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El Ecuador no estaba considerado como un consumidor

El uso tradicional de la hoja de coca en Ecuador cayó en el olvido

Según varios escritos, los indígenas de los Andes consumían esta planta cuando caminaban grandes extensiones y en lugares fríos. Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo
Según varios escritos, los indígenas de los Andes consumían esta planta cuando caminaban grandes extensiones y en lugares fríos. Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo
25 de enero de 2015 - 00:00 - Jacinto Landívar. Cátedra Abierta de Historia Universidad de Cuenca

En 1492, hace ya más de 500 años, cuando Cristóbal Colón, a órdenes de los reyes de España, llega al Nuevo Mundo, gran asombro causaron las cosas y costumbres hasta entonces desconocidas, entre ellas el que los nativos americanos en ciertas áreas de la colonia producían y consumían la hoja de una planta nueva para el conocimiento europeo, la Coca (Erythroxylum coca).

Américo Vespucio —cuyo nombre lleva en su honor el nuevo continente— es el primer europeo en referir que en el año de 1500 en las costas de Venezuela se masca la hoja de esta planta. Luego cronistas como Pedro Mártir de Anglería, refiriéndose al relato que le hiciera el cura Tomas Ortiz (1530), Fernández de Oviedo (1547), Cieza de León (1553) y luego el médico Nicolás Monardes (1565), narran con bastante detalle el uso de la hoja de coca, además describen a la planta.

Dicen los cronistas que los indígenas de los Andes llevan con mucha asiduidad en la boca un bolo de las hojas de coca, (chacchar o acullicar), que combinan con polvo de ceniza o caliza al que llaman llipta, que consumen cuando caminan grandes extensiones y en lugares fríos; les quita el hambre y les da vigor y energía; además cuando trabajan en las minas para amortiguar la fatiga, la sed o el hambre mascan la hoja de coca. Todo esto lo vieron en las zonas altas de los Andes, donde se concentra la población indígena y mestiza, a saber: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, el norte de Chile y Argentina e incluso en ciertas áreas de la hoya amazónica en la desembocadura del río Amazonas en la isla de Maranao.

La hoja de coca en el Ecuador

En 1996 el Observatorio geopolítico de drogas, en Paris, editó el Atlas Mundial de Drogas, en el cual el Ecuador no está considerado como un país productor ni consumidor de hojas de coca. Desde hace más de 300 años se conocía que en lo que hoy es Ecuador se había dejado de consumirla.

Nos preguntamos: ¿cuáles son las explicaciones para la desaparición de la producción y consumo de la hoja de coca en el territorio de la Real Audiencia y luego en lo que hoy es Ecuador? Haciendo un análisis cronológico de las probables causas de la extinción del consumo de la hoja y su persistencia en otras áreas andinas que no sean el Ecuador observamos que: El Concilio de Lima (1567-1569) juzgó el hábito de masticar la coca como “cosa inútil, perniciosa, que conduce a la superstición por ser talismán del diablo”, con este edicto comienza la estigmatización de esta ancestral costumbre.  

En 1626, el autor colonial licenciado Juan de Mañozca hace un informe sobre el territorio de la Real Audiencia de Quito. En el capítulo 5, en alusión a la hoja de coca expone que ella era consumida por “cristianos y religiosos” y que los sacaba de quicio, haciéndoles hacer cosas indignas, e invitando a que la Inquisición realizara acciones para arreglar esta situación. A raíz de esta nueva observación, se inicia un franco declive del consumo de la coca, de tal modo que 122 años cuando llega la Misión Geodésica Francesa con los oidores españoles Jorge Juan y Santillana y Antonio de Ulloa (1748), exponen que la hoja de coca en la Real Audiencia de Quito no se producía ni se consumía (“ni fe cría, ni efta puefta en uso”).

En 1945, Víctor Garcés exponía que la hoja de coca es un tóxico, y añade: “Pienso que la carencia de cultivos de la planta es la razón suficiente para que no haya el consumo de la hoja de coca”, aunque añade un hecho curioso: “en algunos sitios de la zona occidental de la Provincia del Azuay usan infusiones de coca que la encuentran de manera silvestre, sobre todo entre la población de indígenas y montubios”. Al respecto, Luis Cordero en su Enumeración Botánica refiere que en Sanagüin (occidente del Azuay), aseguran que la coca se produce en esta región. Este detalle es digno de investigarse.

En 1952, el médico historiador Luis A. León anota que: “El un millón de indios que de manera aproximada integran las numerosas parcialidades del altiplano ecuatoriano han abandonado de manera radical la costumbre de masticar coca, puedo asegurar que el coqueo prácticamente no existe en el Ecuador”. Las causa de este hecho León atribuye a tres aspectos: el jurídico (la legislación y política colonial), la producción agrícola diferente de la coca y la acción conjunta de la autoridad civil y religiosa.

El científico y prolífico investigador médico Plutarco Naranjo, en 1974, considera que: “el grave problema médico-social del coqueo es razón suficiente para el no consumo”. Sostiene los mismos 3 argumentos de León y señala que: “el no consumo pudo más el temor del diablo”.

Posteriormente, el botánico T. Plowman refiere que: “la erradicación del consumo de la hoja de coca en Ecuador fue el resultado conjunto por parte de  autoridades oficiales gubernamentales y eclesiásticas que no encontraron ventajas económicas en la planta”. Una última apreciación congruente del tema es la que nos presenta la investigadora Rosario Coronel en 1998, cuando señala que la zona indígena productora de las plantas de coca y algodón pasan a ser productoras de caña de azúcar, a partir del año 1580 al hablar de la hacienda cañera de los jesuitas en el Valle del Chota y del Mira, quienes toman a los indígenas locales como serviles trabajadores de las grandes extensiones de caña de azúcar de la que sacaban panela, azúcar y “agua ardiente”, bebida que en cierto modo consumen los trabajadores de la caña de azúcar . El cultivo de la caña de azúcar desplaza al de la coca y la autora sugiere que el alcoholismo reemplaza al cocaísmo.

Recordemos que por estos años empieza el descenso de la población indígena de manera notoria, en parte por la migración y, sobre todo, por las epidemias, lo que causó un fuerte detrimento de la población, por tanto disminuyen los cultivadores.

UNA SOLUCIÓN PARA EL HAMBRE, EL FRÍO Y EL CANSANCIO

La hoja de coca se ha producido y se ha consumido en todos los Andes desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad con fines rituales, por su poder curativo y alimenticio. Usada por los indígenas para evitar el hambre, el frío o el cansancio en duros trabajos o para hacerle frente a la altura, es importante para el mundo andino desde su cosmovisión.

Está claro que parte de la desacreditación de la hoja vino desde occidente, cuando esta se trasformó en alcaloides como la cocaína (creada a finales del siglo XIX con otros fines), con las consecuencias que hoy conocemos. Culturalmente es procedente preguntarnos: ¿por qué, cómo y cuándo en el actual territorio ecuatoriano, desapareció el uso de la tradicional hoja, mientras que en los demás países andinos, de Venezuela hasta Argentina, continúa su consumo?

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