La Empresa de Ferrocarriles del Ecuador les dio esta oportunidad desde 2012

10 casetas dan vida a la Plaza Artesanal del Tren en Latacunga

- 02 de agosto de 2015 - 00:00
A pesar de la escasa clientela, las casetas permanecen abiertas para los compradores latacungueños. Foto: Silvia Osorio / El Telégrafo

La Empresa de Ferrocarriles del Ecuador les dio esta oportunidad desde 2012

En la estación del tren, situada al occidente del centro de Latacunga, se escuchan melodías folclóricas. La música acompaña a los visitantes mientras recorren las 10 casetas de madera en las que se exhiben originales y vistosas artesanías elaboradas por los lugareños. Los estands no tienen más de 2 metros cuadrados.

Mario Moposita atiende en una de ellas. Es un salcedense que se estableció en Latacunga. En su local hay botellas decoradas y cuadros fabricados con objetos reciclados. La belleza de los artículos radica en su hechura y acabados casi perfectos.

Moposita responde a las preguntas de los interesados con mucho placer. Detrás de estas obras de arte -dice- están los miembros de la Asociación de Discapacitados de Salcedo. Una cofradía de virtuosos a los que les sobra fe y voluntad.

Cuando el día está soleado y los compradores escasean, los artesanos conversan entre ellos y comparten sus experiencias. Recuerdan que pronto se cumplirán 3 años desde que Ferrocarriles del Ecuador les donó las casetas con el objetivo de difundir artesanías locales.

“En este tiempo algunos comerciantes llegaron, probaron y luego se fueron. Otros en cambio decidieron luchar por sus negocios”, explica Rosario Ligto, representante de la Plaza Artesanal del Tren.

Esta mujer vende llaveros de madera y de plástico. También oferta gorras, bufandas y buzos de lana que elaboran las Personas Privadas de la Libertad (PPL) del Centro de Rehabilitación Social de Cotopaxi (CRS). Ligto refiere los rostros de sorpresa de los compradores cuando les informan de la procedencia de las mercancías.

“Les explico que tengo contacto con los privados de libertad y les conciencio de que son personas como nosotros con deseos de aprender y superarse”, asegura Rosario Ligto con una expresión de ternura.

Otros puestos ofrecen ropa de bebé, títeres, cojines bordados a mano, pulseras, collares, aretes de distintos materiales; pequeños cuadros de pintura y cerámica; adornos de tagua y fómix, etc.

Las réplicas en barro de los cuadros del maestro Oswaldo Guayasamín se exponen en la caseta de Narcisa Acurio. Ella no conoce con exactitud el proceso para realizar estas piezas, cuyos tamaños van de 10 a 30 centímetros.

“El experto es mi esposo”, aclara con una sonrisa y añade que la materia prima es el barro cocido, el agua, los moldes que luego se meten en el horno y finalmente la pintura con colores vistosos. El proceso toma hasta 4 días.

A las 11:30 del sábado, la venta es baja y esto se ha vuelto habitual. Según Acurio esto ocurre porque la Plaza Artesanal del Tren no consta en la ruta turística con la que trabajan las operadoras que traen a los visitantes en los autoferros semana tras semana.

“Los intervalos de tiempo que les quedan a los turistas no les alcanzan para conocer los productos que aquí ofrecemos”, asegura Acurio, quien confía en que las gestiones de la Dirección del Ministerio de Turismo en Cotopaxi cambien esta realidad, pues están seguros de la calidad de sus productos.

A pesar de esto, los compradores son los latacungueños que llegan ya sea individualmente o en familia para recorrer este sitio. Cerca de allí también se ofrecen allullas y queso de hoja. (I)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: