La medalla tenía un oscuro reverso: la mitmacuna expulsaba también de las tierras conquistadas por los incas a los naturales del lugar y los trasladaba a la parte central del Imperio. Los extrañaba de la tierra con toda su gente cuando no eran confiables, por sus afanes de ser libres, su carácter guerrero o su fuerte personalidad.
Centenares de miles de súbitos del Tahuantinsuyu, tal vez millones, fueron víctimas de esta política y se calcula que, en alguna comarcas, una tercera parte de sus habitantes sufrieron esta reubicación forzosa.
En el caso de los cañaris está fue la táctica usada, de ahí que sea compleja su historia ya que ellos fueron conducidos al corazón del incario y encargados de la custodia del templo de Viracocha en el Cusco porque se reconoció su valor como guerreros y su audacia para enfrentar complejas situaciones políticas.
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