Barra libre, 300 segundos de oscuridad, gomitas alcoholizadas, y lluvia de nieve son algunas de las actividades que se ofrecían en un afiche para convocar a adolescentes a las denominadas fiestas clandestinas que se han convertido en un negocio dentro de la ciudad.
El fin de semana anterior la Intendencia de Policía del Azuay, conjuntamente con la Dinapen, encontraron a 200 jóvenes reunidos en un salón de recepciones en el sector de El Cebollar y de ellos uno 10 tenían aliento a licor. En esa misma noche dos centros nocturnos de la calle Larga fueron clausurados por tener en su interior a menores de edad.
En los últimos meses, los operativos realizados por las entidades han dejado en evidencia lo que realizan los adolescentes en estos eventos que son convocados a través de las redes sociales.
“Se ha vuelto común que los adolescentes realicen este tipo de actividades con o sin presencia de adultos. Lamentablemente prolifera, convirtiéndose en un negocio lucrativo para personas inescrupulosas, a quienes no les importa si los menores acceden o no a alcohol o a cigarrillo”, explicó Carlos Alfonso Fuel Almeida, jefe provincial de la Dinapen.
Autoridades piden a los padres de familia que averigüen lo que hacen sus hijos a determinadas horas.En 2013 la Intendencia de Policía intervino en 18 fiestas de este tipo, con un total de 307 adolescentes recuperados. Además fueron clausurados 45 centros nocturnos donde fueron encontrados menores de edad.
En lo que va del año, han intervenido ya en tres de estos encuentros, cuyos precios para el ingreso van desde los 2 a 10 dólares, según Jorge Cabrera, intendente.
En la mayoría de los casos, según el funcionario, los padres desconocen de este tipo de actos debido a que son engañados y piensan que sus hijos se encuentran en fiestas de amigos o de cumpleaños. “Sin embargo las invitaciones que se hacen inducen a otras cosas como: consumo de alcohol, alquiler de habitaciones, fiestas en donde se ofrecen piñatas con preservativos, pistolas de trago, pipas con esencia de tabaco, etc.”, señaló.
A esto se suma, según las autoridades, las condiciones en las que se realizan estos eventos, sin contar con las medidas de seguridad necesarias. “Se hacen en viviendas en donde albergan 200 ó 300 personas y los menores comparten el ambiente con personas adultas y ellos mismos se ponen en riesgo”, dijo Faula.
Los menores no son detenidos sino puestos bajo el cuidado de la Dinapen hasta que sus padres los retiren, sin embargo últimamente las autoridades han optado por contactar a los padres desde el mismo lugar donde se realiza la fiesta, con el objetivo “de que sepan en qué condiciones estaban sus hijos y puedan verificar que ha existido el consumo de licor”.
Parra erradicar estas celebraciones no autorizadas se motiva a dueños de locales a que organicen las fiestas juveniles de 14:00 a 18:00 y sin expendio de bebidas alcohólicas. La Gobernación del Azuay, a través del programa “Lunes Cívicos de Paz”, realiza un acercamiento con los menores para dar a conocer las posibles consecuencias de asistir a este tipo de reuniones.
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