No ha sido fácil convivir con el volcán Tungurahua. Recuerdo que en la primera reactivación de 1999, todos los que morábamos en pueblitos aledaños no sabíamos cómo actuar pese a que nuestros abuelos nos habían contado que hace mucho tiempo el coloso ya había causado daños y el accionar que ellos pusieron en práctica para afrontar la situación.
Lo que más nos duele al mirar atrás, es la pérdida de vidas humanas en las reactivaciones de los últimos 15 años. Las autoridades siempre nos capacitaron para saber qué hacer frente a un repentino despertar del volcán, lo malo era que muchos de nosotros no hacíamos conciencia del peligro que conlleva quedarse en casa cuando el Tungurahua expulsa material incandescente.
La experiencia que ahora tenemos nos ha costado lágrimas, decepciones al ver que no sirve de nada quedarnos para tratar de proteger nuestras casas, ganado y plantaciones, y vidas, pues al menos 3 personas han fallecido durante los últimos 15 años de actividad volcánica, por diferentes razones frente a la emergencia
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