En 1807 murió Anastasio Guzmán y sus ‘papeles’ llegaron a Toribio Montes, presidente de la Audiencia. Con las guerras de Independencia no pudo buscar los tesoros. Después de la batalla de Pichincha se hizo cargo el corregidor de Guaranda, Víctor Félix de San Miguel.
Luego, el Intendente del Departamento de Quito, Vicente Aguirre y González, que ordenó que se los entreguen a la Universidad, donde dictaba una cátedra Manuel Ángulo, que los guardó hasta su muerte y los heredó su hijo Canónigo en Quito, quien los dio a su ahijado Cruz Rivera, que por consejo del historiador (ambateño) Celiano Monge se los regaló al Arzobispo González Suárez.
Muerto el Arzobispo, pasaron a monseñor Manuel María Pólit y luego a su pariente el padre Aurelio Espinosa Pólit, quien en alguna ocasión se los mostró a Jacinto Jijón Caamaño, rogándole que escribiera algo al respecto, pero nunca lo hizo.
En síntesis, hubo 2 Derroteros: el alterado por Pastor y el reelaborado por Guzmán, que dijo haber encontrado minas de oro y plata.
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