Chiluisa cambió, en Pujilí, con éxito, el cemento por la arcilla
En sus manos el barro da forma a lo más destacado de la historia y de la tradición de Cotopaxi.
Víctor Chiluisa, de 60 años, descubrió su habilidad tras renunciar a la albañilería por causa de un accidente automovilístico que le afectó sus extremidades superiores e inferiores.
Este pujileño moldea de todo, incluso las figuras de danzantes (sacerdotes de la lluvia). “No fue fácil amasar el barro, pero perseveré y ahora hago esculturas de diversos tamaños”, dijo. La Municipalidad de Pujilí le compra cada año los danzantes para las populares ‘jochas’ (invitaciones), que se realizan a personas e instituciones públicas y privadas, con el fin de asegurar su participación en el Corpus Christi.
La Empresa Eléctrica Provincial Cotopaxi S.A también compra y dona estas imágenes de 60 centímetros de alto a las delegaciones ganadoras en el desfile de danzantes.
Por eso Chiluisa se siente agradecido y considera que fue un acierto cambiar el cemento por la arcilla.
Mientras acaricia una imagen de la ‘Mama Negra’, explica que para tallarla y conserve su esencia se requiere de mucha concentración. Y lo logra. Es el caso del ajuar detallado de este personaje formado por chalina, faldón, blusa, collares, manillas y hasta el maquillaje, que guarda similitud con el real.
La figura que moldea en septiembre y noviembre desfila por las calles de Latacunga.
La fama de este alfarero se conoce en Quito, Cuenca, Ambato y otras ciudades. Los costos de sus obras dependen del tamaño. Las hay desde $ 15. Sus hijos no seguirán con este oficio.
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