Jonathan, a pesar de sus limitaciones, aprendió a preparar una de sus golosinas preferidas, la espumilla.
Esto fue posible gracias a las clases que ha recibido a diario en el Instituto de Educación Especial Cotopaxi. El 23 de abril pasado hubo una casa abierta a propósito del aniversario 29 de vida institucional. Allí este pequeño mostró con entusiasmo lo que asimiló en el aula.
La idea de este acto fue demostrar a la sociedad cotopaxense lo que estos niños con discapacidad habían captado en los talleres. Según Amparo Paredes, principal de la Secretaria Técnica de Discapacidades (Setedis), en este instituto se educa a 100 niños de primero a décimo en el área de discapacidad intelectual y de primero a séptimo en privación auditiva.
Más de 15 stands se colocaron en las aulas. Para Germania Núñez, directora del plantel, el amor y la paciencia son ingredientes fundamentales con los que deben trabajar los maestros. “Es una tarea difícil, pero nos sentimos compensados cuando en un evento como esta casa abierta, los chicos se desenvuelven bien con las visitas”, dijo la maestra.
Los menores estuvieron nerviosos, pero no por sus limitaciones ni su condición física o intelectual, sino por las ganas que tenían de demostrar todo lo aprendido.
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