Los personajes desfilan por las calles de Latacunga dos veces al año

Todo el peso de la Mama Negra descansa sobre las vivanderas

- 09 de agosto de 2016 - 00:00
Los gastos de la tradicional festividad son sustentados con aportaciones de los ciudadanos.
Foto: Silvia Osorio / para El Telégrafo

Dos asociaciones de devotos aportan económicamente a la celebración de septiembre mediante las ‘jochas’ o invitaciones a autoridades, priostes o amigos.

Leonor Chicaiza Bedón, de 82 años, guarda con cuidado cada fotografía que llega a sus manos sobre los festejos de la Mama Negra, fiesta en honor a la Virgen de las Mercedes.

Cada año, en septiembre, este evento patrimonial se cumple bajo la responsabilidad de la Asociación de Vivanderas del Mercado Pichincha en Latacunga y de la Asociación de Devotos y Donantes. Doña Leonor pertenece a las vivanderas.

Para ella cada gráfica cuenta una historia de fe y devoción multitudinaria a quien es conocida como la ‘Patrona del Volcán’.  La leyenda religiosa grabada en pinturas de la época de la colonia, que reposan en la iglesia de La Merced, relata el mítico aparecimiento de la imagen para calmar la erupción de 1742.

Desde entonces, este portento dio inicio a esta tradición, cuyo lado espiritual está a cargo de los padres Mercedarios. De ellos dependen las eucaristías y novenas a su patrona.

En Latacunga, la Mama Negra desfila por las calles dos veces al año. En septiembre y  en noviembre. Este último es más turístico.

La familia de Chicaiza heredó  hace 40 años la disposición para colaborar íntegramente con la  fiesta. “Estoy convencida de que este esfuerzo me fue compensado por la Virgen y me concedió el milagro de recuperarme de un cáncer que me detectaron en 2001”.

Cada mañana mira al cielo y agradece por un día más de vida. Su domicilio tejado y rústico está ubicado a un costado de las empedradas calles del barrio La Merced. Allí creció su hijo, Víctor Hugo Quevedo, quien también heredó la devoción. “Desde niño participó con mis familiares en la comparsa y en  2001 incluso fui Mama Negra. Solo que este personaje es menos pomposo que el de noviembre”.

Quevedo y su familia al igual que todas las familias que comercializan hortalizas, cárnicos, frutas, tubérculos, abarrotes, legumbres en el mercado Pichincha, forman parte de los devotos y donantes.

Ellos cumplen la función de aportar económica y  logísticamente en las comparsas que circulan por las principales calles de la urbe el 23 y 24 de septiembre. Para esto, obtienen apoyo a través de las ‘jochas’ (invitaciones) a parientes, instituciones y otros.

Las fiestas empiezan temprano y son una suerte de ritual que implica una misa campal y los honores a la imagen por parte de los personajes principales, como la Mama Negra, Capitán, Ángel de la Estrella, Abanderado y el Rey Moro. Luego de este acto la algarabía empieza con las bandas de pueblo. El recorrido llega hasta El Calvario, donde se colocó un imponente monumento de la Virgen al que le rinden honores.

En 2015 no hubo bandas, castillos, voladores, rezos o bailes. Casi un mes antes se reactivó el volcán Cotopaxi y se declaró el estado de excepción. Sin embargo, en junio la alerta cambió de amarilla a blanca y la actividad interna es baja, según el Instituto Geofísico.

Por eso, se retomó la organización de la fiesta. Jacqueline Dávila, representante de la Asociación de Devotos y Donantes, anunció que las novenas se reiniciaron en la iglesia La Merced desde el 6 de agosto.  

Para el escritor latacungueño Luis Freire, la Mama Negra que se organiza en septiembre, además de ser auténtica, es la expresión propia de las raíces ancestrales. (I)

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