Marco Panchi, del área de Sociología y Género de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), comentó que el trabajo sexual está vinculado, ineludiblemente, con las instituciones del Estado. Aclara que este vínculo ha mutado a través del tiempo, pues, a inicios del siglo XX, se emitieron normas vistas desde el ámbito de la salud pública.
Posteriormente, el Estado vio al trabajo sexual como un tema de seguridad, asocio a la prostitución con violencia, delincuencia, etc. Según Panchi, ante esta realidad, los municipios determinaron como mecanismo de regulación la exclusión de las trabajadoras sexuales hacia sectores periféricos de la ciudad.
“Se ocultó la problemática, la institucionalidad trata de borrar ciertos sujetos y pretende crear una producción de espacio social, en la cual, no pueden estar ciertos grupos humanos como las trabajadores sexuales, el comercio informal, la mendicidad, etc. “.
Sobre la reubicación, Panchi, indicó que el estigma hacia las trabajadoras sexuales se genera, también, desde el ámbito de la moral del trabajo. “En los barrios señalan que los moradores no están en contra de ellas, pero aclaran que en ellos existen instituciones educativas, religiosas y comunitarias que no pueden ser expuestas al trabajo sexual.
Desde ese ámbito se moraliza al trabajo, pues todos tenemos la idea de que este deber ser sacrificado para que este sea aprobado por la sociedad. El estigma del trabajo sexual se genera cuando se lo tacha como un trabajo que se ejerce fuera de la moral establecida por los sistemas laborales establecidos”, dice.
Así mismo, explica que la lógica de la construcción del espacio de la ciudad responde a la visión de las instituciones públicas. “Se pretende hacer de Quito un espacio abstracto, donde se imponen normas de convivencia y consumo donde no cabe la convivencia de ciertos grupos sociales”, dijo.
Panchi indicó que un tema que no reconoce la institución pública es sobre el derecho a la ciudad. “Las trabajadoras sexuales tienen derecho a un espacio de apropiación, en el cual puedan reconocerse y desarrollar una vida productiva, social, familiar, etc. Es necesario que este tema sea discutido tanto por la autoridad como por las trabajadoras sexuales”, dijo.
Además, dijo que es necesaria una reubicación, pero esta debe realizarse en el Centro Histórico y no fuera de él. “Si las trabajadoras sexuales salen de este lugar hacia sectores periféricos, están destinadas a fracasar. Hay que pensar que ellas tienen un derecho a un espacio en la ciudad y este es el centro”, aseguró el experto. (I)
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