Vidas en cautiverio, un negocio hecho de miedo

25 de diciembre de 2011 - 00:00

Para llevar a cabo un plan es necesario estudiar cada paso, adelantarse a posibles escenarios poco favorables y, finalmente, ejecutar la idea. Esto es lo que hacen quienes se dedican al plagio, secuestro y extorsión de personas, con el objetivo de obtener grandes sumas de dinero.

En el Ecuador, el secuestro ya no es algo aislado que suceda fuera de los ambientes cotidianos; décadas atrás, se creía que este mal únicamente podían sufrirlo personas con una posición económica muy acomodada, como dueños de empresas, banqueros, etc.

Sin embargo, desde el año 2004 hasta el 2009, se han registrado 538 denuncias de  secuestro o plagio, según estadísticas de la Policía Judicial plasmadas en el libro “Violencia, delincuencia e inseguridad en el Ecuador”.

El 3 de diciembre de 2008, el niño chino Nicolás Zhou, de 5 años, fue secuestrado mientras esperaba el bus escolar en compañía de su abuela. Horas después del plagio, los padres del menor recibieron una llamada: los raptores exigían la cantidad de 500.000 dólares. Tres hombres de nacionalidad china y dos ecuatorianos eran los responsables del secuestro.

De manera inmediata dieron aviso a la Policía y miembros de la Unase lograron rescatar a Nicolás en un parque al norte de la capital, sin la entrega del dinero pedido.

Tal como ocurrió con el pequeño Zhou, en la década de los 90 fue raptado otro menor. A partir de este nuevo incidente se dio paso a la creación de la Unidad Antisecuestros y Extorsión (Unase).

Un agente del equipo, que prefirió no dar su nombre, explicó que el trabajo de este grupo especial  es investigar y reprimir el delito de secuestro y extorsión, tomando precauciones muy puntuales para cuidar la vida de la persona que se encuentra en cautiverio.

Los miembros de la Unase, además, brindan apoyo psicológico a la víctima del delito y, como actividad de prevención, también ofrecen charlas sobre cómo actuar en caso de ser víctimas de un secuestro.

Uno de los rescates que se recuerdan en el Ecuador es el de la diseñadora Catalina Woods, ocurrido en 2006 en Manta. La mujer fue plagiada cuando viajaba en su vehículo acompañada de su chofer. Para entregarla con vida, los secuestradores exigían la suma de 300.000 dólares. La Unase inició el operativo y luego de varios allanamientos dio con el paradero de Woods y sus secuestradores.

En zonas de la costa del país, el plagio de comerciantes y ganaderos aumentó debido a que los familiares no acudían a las autoridades y procedían a pagar el dinero solicitado. Para el investigador social Lautaro Ojeda, el secuestro ha ido variando en los últimos años; agricultores y comerciantes son ahora el blanco de secuestros, pues por su actividad manejan un constante flujo de dinero.

Bernando Guerrero, de la empresa Security Service GS4, señaló que los familiares de las víctimas de secuestro o extorsión, por lo general, no tienen la adecuada orientación, y en ocasiones acuden a mediadores internacionales, personas que organizan el pago del rescate entre la familia y los raptores. Para Guerrero, este tipo de mediación no es aconsejable, pues ellos también reciben una ganancia por su trabajo y lo que se logra con esto es mantener un círculo de negociación por la vida de la víctima.

Muchas familias son capaces de hipotecar sus casas o vender sus negocios para conseguir el dinero suficiente y salvar a sus seres queridos de una muerte segura. Con mucha frecuencia prefieren no exponer la vida de la víctima dando aviso a la Policía. Si se paga una vez, fácilmente podrán ser víctimas nuevamente, concluyó Guerrero.

Hace más de 10 años, ocho técnicos petroleros fueron secuestrados por más de tres meses en Sucumbíos. De acuerdo con investigaciones extraoficiales de la Policía, se estableció que la empresa extranjera habría pagado 3,5 millones de dólares para la liberación de los secuestrados. La negociación se habría concretado a través de agentes  del FBI, y sin la intervención de la Policía. Otro de los casos en donde se entregó una fuerte suma de dinero es el de  los plagiadores del dirigente deportivo Esteban Paz, ocurrido en febrero de 2002.

En el Ecuador, la condena por plagio, según está tipificada en el Código Penal, puede ir de 9 a 12 años de reclusión, pero es posible que sea reducida de acuerdo a las circunstancias.

La Unase expresa que el plagio en el Ecuador es exclusivamente de tipo económico, los delincuentes que han identificado los bienes encajan al individuo dentro de una lista de posibles blancos. Los plagiarios regularmente conforman grupos de cuatro a ocho personas, quienes se distribuyen el trabajo de levantamiento de información, que consiste en conocer todos los movimientos de la futura víctima: sus rutas, sus horarios... la planificación consiste en establecer el día y la hora en que se llevará a cabo el plan; posteriormente se ejecuta el acto delictivo que termina cuando la víctima se encuentra en cautiverio, finalmente otra persona se encarga de la negociación económica.

Ha habido casos en donde la inexperiencia de los plagiadores facilita su arresto, como aquel ocurrido en Sangolquí, en donde una niña de 3 años fue tomada como rehén para pedir un rescate de 600.000 dólares. Un grupo de estudiantes resultó ser responsable.

Para algunos analistas de la violencia, no hay que perder de vista que el secuestro tiene muchas veces relación con otros delitos, como el tráfico de niños. Además, se han registrado secuestros políticos, como el ocurrido en 1995, en el cual el banquero Nahim Isaías perdió la vida, al igual que sus captores.

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